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Mofa y escarnio

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«Nos has hecho objeto de afrenta de nuestros vecinos; nos pones por escarnio y por burla de los que nos rodean» (Salmos 44:13).

Considero (J) a mi colega en la docencia, Tamara, como una de las personas más creativas e inteligentes que he conocido. Querida y respetada por sus compañeros y alumnos, Tamara imparte clases y laboratorios con gran rigor y amenidad, múltiples ilustraciones, objetos, tareas reales, visitas, proyectos de servicio a los necesitados y con actividades en las que crean lazos de amistad y camaradería entre todos los implicados en el aprendizaje.

Me relató los años de su infancia y quedé sorprendido por el contraste entre el pasado y el presente. Creció en una familia de una etnia minoritaria en Estados Unidos en extrema pobreza, recibiendo apodos insultantes tanto en la escuela como en el barrio. Debido a que, además eran miembros de una religión también minoritaria, sufrían aún más desprecio, recibiendo constantes mensajes de burla hacia sus creencias y prácticas religiosas por parte de pequeños y grandes. Hasta su padre fue amenazado de muerte por dar estudios bíblicos a un vecino. ¡Cuánto disgusto producía en Tamara esta actitud! Le habría gustado vengarse, pero sus padres le enseñaron a seguir siempre los pasos del Maestro, a ser humilde, a perdonar y amar a quienes le ofendieren.

Precisamente esos años en los que Tamara y su familia fueron el punto de mira de la crítica inmerecida, le sirvieron como revulsivo para esforzarse en vivir una vida firme y fiel a sus principios y en llegar a ser una mujer de altas metas. Hizo estudios avanzados de forma brillante y llegó a doctorarse en la Universidad de Washington State, una institución de gran prestigio. Tal vez no hubiera sido posible sin la amargura de aquella experiencia temprana. Cuando habla de ello, se dibuja una sonrisa en su rostro, como en señal de agradecimiento por aquellas circunstancias dolorosas.

Todo creyente es llamado a atravesar etapas de sufrimiento y, durante los días difíciles, puede acabar expresando su perplejidad ante el Señor: «¿Dónde estás cuando se burlan de mí?» y hasta decir como el salmista: «¡Despierta!» (Salmos 44: 23), como si Dios estuviera dormido. Pero Dios no está ausente ni dormido. El propio salmista concluye su composición poética con la exclamación: «¡Redímenos por causa de tu misericordia!» (vers. 26). ¿Cómo no va a atender el amante Padre celestial tal petición de uno de sus hijos en necesidad?

Pídele hoy redención y él te la concederá en el mejor momento y de la mejor forma para que salgas vencedor y además fortalecido.

Mayo 09 Resiliencia

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