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La útil tribulación

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«El cual [Dios] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios» (2 Corintios 1:4).

La historia de resiliencia de Helen Keller es bien conocida por muchos. Una enfermedad la dejó completamente sorda y ciega cuando tenía diecinueve meses y, a pesar de todo, llegó a ser una figura de relevancia internacional por sus escritos y activismo en favor de los ciegos, mudos y sordos. Menos conocido es el papel que jugó su maestra, Ann Sullivan quien, con paciencia y perseverancia, enseñó a Helen a hablar, leer y «escuchar» por medio de sus manos. Esto fue en gran parte posible porque la propia Ann había tenido serios problemas de la vista y entendía las limitaciones y frustraciones de Helen.

El versículo de hoy nos recuerda que, cuando experimentamos tribulaciones, estamos más preparados para apoyar a quienes después las padecen. Es más, el proceso se hace perfecto cuando hemos recibido consuelo y apoyo de Dios, y eso nos capacita para consolar a otros en la manera en que Dios nos brindó su ayuda.

La psicología clínica también reconoce que el psicoterapeuta que ha pasado por situaciones de sufrimiento similares a las del paciente es capaz de empatizar con él. Por ejemplo, se considera útil contar con un consejero que haya sufrido síntomas de depresión para el tratamiento de quien padece este problema, o uno que haya luchado con alguna adicción para tratar al adicto.

Por supuesto que a nadie le gusta sufrir, pero al menos podemos ver la utilidad de la tribulación con el fin de ayudar a otros. Y esta no es la única razón. El sufrimiento también nos ayuda a experimentar desarrollo y madurez personales. Pablo les escribe a los romanos diciéndoles que de la tribulación nacen la paciencia, la prueba y la esperanza (Romanos 5:4). Además, el profeta Isaías habla de la purificación por medio de la aflicción: «He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción» (Isaías 48:10). Otra enseñanza que nos proporcionan las dificultades es ver las consecuencias del mal y evitarlo: «Fueron afligidos los insensatos a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades» (Salmos 107:17).

Cuando tengas dificultades piensa en estos propósitos y afírmate en la idea de que ni tribulación ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni desnudez, ni peligro, ni espada podrán separarte del amor de Dios (Romanos 8:35-39).

Mayo 16 Resiliencia

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