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Esclavo

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«Cuando pasaban los mercaderes madianitas, sacaron ellos a José de la cisterna, lo trajeron arriba y lo vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y estos se llevaron a José a Egipto» (Génesis 37:28).

Jacob amaba a José más que a todos sus hijos. Le confeccionó una túnica multicolor y se la regaló. José relató a su familia dos sueños denotando que él mismo sería enaltecido y el resto de la familia se sometería a él. Es natural que todas estas cosas provocaran en sus hermanos envidia y odio. Ciertamente la actitud preferencial de Jacob no fue correcta y los sueños de José pudieron haber quedado en secreto, pero no hemos de olvidar que el joven tenía diecisiete años y que había un plan divino en todos estos sucesos.

Sin embargo, la reacción de sus hermanos fue desproporcionada. Aquellos hombres no eran ignorantes del destino de un esclavo en Egipto. Acabaría relegado a las más duras tareas agrícolas o, aún peor, a trabajos peligrosos, como excavar canales, sacar piedra de las canteras, construir edificios o extraer minerales de las profundas minas. Su supervisión la iban a ejercer hombres despiadados, listos a castigar con saña cualquier error. Debido a su condición de esclavo, no contaría con derecho alguno y quedaría a la merced de la crueldad de su dueño por el resto de sus días. De nuevo, hemos de pensar que había un plan providencial detrás de estas injusticias.

El dolor y el sufrimiento de José fueron una realidad. El hijo de Jacob acababa de ser convertido en esclavo. Hasta ahora vivía en un ambiente protegido, relativamente pacífico, en una familia con tensiones y problemas, pero, al fin y al cabo, su familia. Gozaba de libertad para adorar y obedecer al Dios de sus padres. Además, la vil traición de sus hermanos debió ser para José muy dura de sobrellevar.

José podía haberse derrumbado ante tanta injusticia, haber maldecido el nombre de su Dios, enojarse, amargarse y recibir cualquier maltrato con desesperación. En vez de eso, reflexionó sobre las enseñanzas que recibió de niño y el primer día de su cautiverio decidió que «serviría al Señor con corazón integro; afrontaría con toda fortaleza las pruebas que le deparara su suerte, y cumpliría todo deber con fidelidad. La experiencia de ese día fue el punto decisivo en la vida de José. Su terrible calamidad lo transformó de un niño mimado a un hombre reflexivo, valiente, y sereno» (Patriarcas y profetas, pág. 192).

Como José, puede que no entiendas por qué ciertas cosas ocurren en tu vida, pero harás bien en adoptar su misma postura de entrega a Dios y él te entregará la victoria verdadera.

Mayo 17 Resiliencia

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