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Tener buenos hábitos

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«Mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos y sé sabio» (Proverbios. 6:6, LBLA).

Durante una época en que vivíamos en Altos del Trapiche, Tegucigalpa, cada atardecer mi esposo y yo veíamos a un hombre de abrigo azul y barn gorro en la cabeza que caminaba con las manos en los bolsillos y con ciertas dificultades por causa del sobrepeso. Siempre, sin falta, cada tarde, caminaba vestido igual y por el mismo sendero. Lo perdimos de vista cuando nos mudamos pero, dos años después, lo vimos de nuevo, a la misma hora, en el mismo lugar y con el mismo abrigo azul. Sin embargo, no todo era lo mismo: ahora el abrigo le quedaba enorme. Había perdido peso y su paso era dinámico y sin dificultades, totalmente decidido, como el de quien no desea regresar a los días del pasado. Aquel hábito de salir cada tarde a caminar había dado fruto.

Los hábitos... Eso que hacemos a menudo y que, a fuerza de repetición, se convierte en nuestra naturaleza, en aquello que nos nace de manera automática. ¡Qué importantes son! Siendo que el Señor nos llama a renovar nuestra mente, nuestra manera de vivir (ver Rom. 12:2), es crucial que empecemos a dar importancia al desarrollo de hábitos saludables, para que lleguen a convertirse en nuestra naturaleza, en aquello que nos nace de manera automática. Y así como la salud física depende en gran medida de hábitos diarios como el ejercicio, el descanso, la buena alimentación o el agua, la salud espiritual depende de hábitos diarios como:

  • La oración a solas con Dios: «Jesús se retiraba a orar a lugares donde no había nadie» (Luc. 5:16).
  • La lectura de la Biblia, que nos enseña a tener discernimiento: «La comida sólida es para los adultos, para los que ya saben juzgar, porque están acostumbrados a distinguir entre lo bueno y lo malo» (Heb. 5:14).
  • La puesta en práctica de los principios del evangelio: «¡Quiero poner en práctica tu enseñanza, siempre!» (Sal. 119:44).
  • Huir de la ociosidad: «El perezoso desea y no consigue; el que trabaja, prospera» (Prov. 13:4).
  • Ser constante en toda buena obra(ver 1 Cor. 15:58; 2 Cor. 9:8).
  • «Llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Cor. 10:5, RVC).

Te propongo hoy comenzar a desarrollar buenos hábitos físicos (porque el cuerpo es templo del Espíritu Santo) y espirituales (porque por la fe vivirá el justo). Sin duda cosecharás los frutos en esta vida y en la venidera.

«Mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos y sé sabio»

(Prov. 6:6, LBLA).

Enero 02

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