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El poder divino combinado con el esfuerzo humano

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«Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso, y Josué derrotó al ejército amalecita» (Éxodo. 17:12-13).

Cuando nos sobrevienen situaciones difíciles y nuestra fe parece desmayar, podemos tomar como referencia la siguiente experiencia de Moisés en el desierto: «Los amalecitas se dirigieron a Refidim para pelear contra los israelitas. [...] Moisés, Aarón y Hur subieron a lo alto del monte. Cuando Moisés levantaba su brazo, los israelitas dominaban en la batalla; pero cuando lo bajaba, dominaban los amalecitas. Pero como a Moisés se le cansaban los brazos, [ ] Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso, y Josué derrotó al ejército amalecita» (Éxo. 17:8-13).

Vemos aquí tres elementos clave en la lucha cristiana: 1) confiar nuestro destino en las manos del Señor. Eso es lo que hizo Moisés cuando «subió a lo alto del monte»: orar para que el Señor actuara y decidiera su destino. 2) Apoyarnos en personas de fe que puedan sostener y alentar nuestro ánimo, para que su apoyo nos de fuerzas cuando más las necesitamos. 3) Hacer lo que esté a nuestro alcance para obtener esa victoria, sin escatimar esfuerzos.

«Como los hebreos triunfaban cuando Moisés elevaba las manos al cielo e intercedía por ellos, así también triunfará el Israel de Dios cuando mediante la fe se apoye en la fortaleza de su poderoso Ayudador. No obstante, el poder divino ha de combinarse con el esfuerzo humano. Moisés no creyó que Dios vencería a sus enemigos mientras Israel permaneciera inactivo. Al mismo tiempo que el gran jefe imploraba al Señor, Josué y sus valientes soldados estaban haciendo cuanto podían para derrotar a los enemigos de Israel y de Dios» (Patriarcas y profetas, cap. 26, p. 271). Ya lo ves, obtendremos victorias cuando 1) mediante la fe, nos apoyemos en Dios; 2) combinemos el poder divino con la ayuda de personas de fe y 3) pongamos todo el esfuerzo humano que sea necesario.

Recuerda levantar tus manos al cielo, la morada de Dios y de donde viene nuestro auxilio y fortaleza. Recuerda pedir la ayuda humana que necesitas. Recuerda hacer todo lo que esté en tu capacidad, sin permanecer inactiva.

Enero 27

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