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Como las águilas

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«Los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas» (Isaías. 40:31).

Confía en el Señor para que vueles como el águila, nos invita el versículo de hoy. ¿Por qué como el águila, esa ave que ha sido símbolo de tantos imperios a lo largo de la historia? Porque el vuelo del águila es poderoso, veloz, alto, seguro, confiado. Cuando el águila vuela en ascendente progreso hacia lo alto, va estando cada vez más por encima de las dificultades de abajo, y eso es lo que Dios quiere para nosotras: que, confiadas en él, remontemos nuestro vuelo en ascendente progreso, cada día con más fuerzas, para superar las dificultades de aquí abajo y con la mirada puesta en las glorias de arriba.

Escribió Elena G. de White: «El águila de los Alpes es a veces arrojada por la tempestad a los estrechos desfiladeros de las montañas. Las nubes tormentosas rodean a esta poderosa ave silvestre y con su oscuro manto la separan de las asoleadas alturas donde ha construido su nido. Los esfuerzos que hace para escapar parecen infructuosos. Se precipita de aquí para allá, bate el aire con sus fuertes alas y despierta el eco de las montañas con sus gritos. Al fin se eleva con una nota de triunfo y, atravesando las nubes, se encuentra una vez más en la claridad solar, por encima de la oscuridad y la tormenta. Nosotros también podemos hallarnos rodeados de dificultades, desaliento y oscuridad. Nos rodean la desgracia, la calamidad y la injusticia. Hay nubes que no podemos disipar. Luchamos en vano con las circunstancias. Hay una vía de escape, y tan solo una. Las neblinas y brumas cubren la tierra; más allá de las nubes brilla la luz de Dios. Podemos elevarnos con las alas de la fe hasta la luz de su presencia» (La educación, cap. 12, p. 105).

Podemos y debemos. Elevémonos por fe hasta la presencia de Dios, para que las dificultades y desalientos de la vida no nos impidan volar alto. Él es nuestra única vía de escape. Circunstancias adversas nos rodean, pero Dios es más grande que las circunstancias. Di, como el Salmista: «Bendeciré al Señor con toda mi alma. [...] Él es quien perdona todas mis maldades, quien sana todas mis enfermedades, quien libra mi vida del sepulcro, quien me colma de amor y ternura, quien me satisface con todo lo mejor y me rejuvenece como un águila» (Sal. 103:1-5). Amén.

Enero 30

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