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Yo con los de la derecha, por favor

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«Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: "Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino» (Mateo. 25:33-34).

La oración de la pequeña niña hondureña me conmovió profundamente:

— Jesús, gracias por la comida. Haz que venga alguien a nuestra casa at para poder compartirla. En tu nombre, amén.

¡Cuántas veces has oído a alguien pedirle al Señor que envíe a su puerta a una persona necesitada para poder compartir con ella lo que tiene? Claro que pedimos muchas veces: «Señor, ayuda a los que no tienen qué comer», pero «Señor, tráeme a la puerta a alguien que me necesita» no es algo que digamos tanto. Me quedó claro por la oración de esta niña que sus padres eran cristianos y que la estaban criando en el verdadero servicio al Señor.

Al poco tiempo, sonó un toc-toc en la puerta. ¡La pequeña corrió como si supiera que su papá Dios le había enviado a la persona necesitada para compartir con ella sus alimentos! Resultó ser Yeny, la hija del jardinero.

—¿Ya almorzaste, Yeny? —le preguntó.

-No -respondió Yeny con tristeza y algo de vergüenza.

-No te preocupes —se apresuró a decir la niña-, tenemos comida para ti. Siéntate y come con nosotros.

Hoy, la pequeña que hacía ese tipo de oraciones, nos acompaña, junto a otros niños, en el grupo de misioneros voluntarios que visitamos las zonas indígenas de Costa Rica. Se la ve cantar junto a otros niños, e incluso predicar. Y es que los niños pueden ser bendición para otros niños, especialmente cuando sus padres les han indicado como son los cristianos que Jesús querrá ver a su derecha.

Jesús nos da a entender que existirán dos tipos de cristianos cuando él venga por segunda vez. Uno es el grupo de los que pondrá a su izquierda; esos son los que no hicieron nada por aliviar las necesidades del prójimo. El otro grupo es de los que pondrá a su derecha; esos son los que, movidos por el amor de Dios, no solo sintieron el deseo de alimentar al hambriento y saciar al sediento, sino que lo hicieron.

Jesús nos llama a ser ovejas de su rebaño. Criaturas fieles cuyo sentido de la justicia nos conduzca a actuar en la vida del prójimo para llevar ayuda, salud y salvación. Esos son los que irán «a la vida eterna» (Mat. 25:46). Yo quiero ser de esos, ¿y tú?

Febrero 03

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