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La lógica del amor

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«El Señor, Dios de Israel, ha dicho que no se acabará la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra» (1 Reyes. 17:14).

Cuanto menos poseemos, más damos; parece absurdo, pero no lo es. Esa es la lógica del amor». Con estas palabras aparentemente ilógicas, explicaba Teresa de Calcuta la forma maravillosa en que obra el amor. Ella la experimento en su propia vida, ya que se despojó de todo lo material para entregarse por completo a una causa, y su riqueza espiritual nos ha enriquecido a todos. Cuando realmente se ama a Dios, puede una desprenderse de todo y darse cuenta de que el resultado fue mayor bendición para su vida.

Las Escrituras nos presentan el caso de otra mujer que también se despojó de todo, y que hasta el día de hoy nos sirve de inspiración: la viuda de Sarepta. Ser viuda en los tiempos en que a ella le tocó serlo, equivalía a quedarse en la más absoluta miseria. Y este era el caso de ella: «En ese hogar azotado por la pobreza, el hambre apremiaba; y el poco alimento que había estaba a punto de agotarse. La llegada de Elías en el mismo día en que la viuda temía verse obligada a renunciar a la lucha para sustentar su vida, probó hasta lo sumo la fe de ella en el poder de Dios» (Profetas y reyes, cap. 10, p. 86). Elías, un extranjero desconocido, después de saber cuál era la situación económica de ella, le pidió que le diera el escaso alimento que le quedaba. Simplemente añadió: «El Señor, Dios de Israel, ha dicho que no se acabará la harina de la tinaja ni el aceite de la jarra hasta el día en que el Señor haga llover» (1 Rey. 17:14). ¿Te imaginas que te hubiera pasado a ti? ¿Qué hubieras hecho:

«La viuda fue e hizo lo que Elías le había ordenado. Y ella y su hijo y Elías tuvieron comida para muchos días» (vers. 15). El Señor cumplió su promesa, pero no sin antes probar la fidelidad de su hija. ¿Logras imaginarte el agradecimiento de esta mujer que pasó de la muerte a la vida por servir al prójimo? Realmente, Dios suma restando y multiplica dividiendo: la viuda restó y dividió su escaso alimento y el Señor sumó y multiplicó la bendición sobre ella. Dios desea hacer eso mismo en tu vida. Entrégate a él sin reservas.

Febrero 06

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