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Vino nuevo en odres nuevos

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«Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, el vino se derrama y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar» (Marcos. 2:22, RV95).

Hubo un tiempo en que esperaba a que mis hijos se durmieran para sacar de sus armarios la ropa que ya no les servía y los juguetes que habían dejado a un lado. Lo hacía sin que se enteraran porque les disgustaba mucho deshacerse de sus cosas. Aunque ya no las usaran, estaban apegados a ellas. Después decidí probar otro sistema, pues quería que aprendieran una religión práctica; quería que fueran generosos, capaces de dar de lo suyo para ayudar al prójimo. Ahora, que tienen siete y nueve años respectivamente, me complace ver que han dejado atrás gran parte de su egoísmo natural. De hecho, tengo que ponerles freno para que no den todas sus cosas a los niños de las comunidades indígenas de Costa Rica.

Cómo me alegra ver en mis hijos un espíritu generoso. Cuando comparo lo que eran antes con lo que son ahora me doy cuenta de que su cristianismo ha comenzado a tomar forma. Y me gusta la forma que tiene. ¿Cuál es la forma que ha tomado con los años tu cristianismo? ¿Dirías que eres una persona que vive para dar y ama el servicio, o todo lo contrario? ¿Qué has estado almacenando dentro de ti: cosas materiales o valores espirituales? ¿Tienes tanta «ropa y juguetes» que no quieres deshacerte de ninguno? ¿Estás apegada a algo o a alguien y no concibes la vida sin ello? Tienes que plantearte qué tipo de odre eres y qué tipo de vino hay en tu interior.

Echando un vistazo a las palabras de Jesús en Marcos 2:18-22 vemos que la religión que él espera de nosotras es un «vino nuevo», un evangelio nuevo, la verdad de Cristo, que debe hacer mella en nuestros corazones renovando nuestra manera de pensar. Pero esa nueva manera de pensar (interior) debe ser guardada en un «odre nuevo» (exterior), en una forma de vivir el cristianismo que no se reduzca a meros formalismos, a rituales vacíos que hacen ver que somos cristianas cuando, en realidad, no estamos dispuestas a despojarnos de lo que es nuestro.

La fe en Jesús se manifiesta por una vida de amor a los demás y de servicio activo. Si yo vivo para mí, para lograr mis metas y aferrarme a lo que tengo, no soy vino nuevo en odre nuevo.

Febrero 07

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