Regresar

Un principio vital

Play/Pause Stop
«Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme» (Mateo. 19:21).

En una ocasión, unos amigos llegaron a casa de visita y nos mostraron las fotografías de sus vivencias desde el día en que se fueron a vivir entre los indígenas. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y es verdad. Aquellas imágenes mostraban una iglesia con techo de zinc y bancas improvisadas. No había señales de riqueza material por ninguna parte. De hecho, ellos habían ido a vivir allí porque habían sentido un llamado. Habían dejado sus empresas personales y unos salarios muy superiores a lo que percibían como misioneros en aquel lugar, porque no existía mayor retribución para ellos que mirar a sus amigos nativos, uno a uno, descendiendo a las aguas bautismales y aceptando el mensaje de Jesucristo. Eran ricos en los tesoros espirituales.

Hablando con ellos me vino a la mente el caso del joven rico. Recuerdas el relato bíblico: Está en Mateo 19:16 al 24. Un muchacho que lo tenía todo fue a ver a Jesús y le preguntó qué tenía que hacer para alcanzar la vida eterna. «Vende lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme», le dijo Jesús. «Cuando el joven oyó esto, se fue triste». «Una sola cosa le faltaba, pero esta era un principio vital. Necesitaba el amor de Dios en el alma. Esta sola falta, si no era suplida, le resultaría fatal; corrompería toda su naturaleza. Tolerándola, el egoísmo se fortalecería. A fin de que pudiese recibir el amor de Dios, debía renunciar a su supremo amor a sí mismo» (El Deseado de todas las gentes, cap. 57, p. 491).

Hoy tengo que hacer autoanálisis y preguntarme cómo andan mis niveles de egoísmo: 1) parecidos a la situación del joven rico; 2) parecidos a la actitud de mis amigos que lo dejaron todo para participar en la misión de predicar el evangelio. Si me encuentro ubicada donde no quisiera, tengo la suerte de contar con un obrador de milagros, un Dios a quien puedo decirle: Señor, necesito tu amor en mi alma; ayúdame.

¿Dónde está tu tesoro? Si el amor de Dios no es tu tesoro, el egoísmo se fortalecerá en ti. Ojalá elijas tener riquezas en el cielo y no acumular aquí cosas que no te servirán allí.

Febrero 08

Matutina para Android