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La necesidad que nos rodea

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«El que mira a otros con bondad, será bendecido por compartir su pan con los pobres» (Proverbios. 22:9).

Hace tiempo, recibí un correo electrónico de una vecina muy apreciada por mi familia. El mensaje que compartió conmigo me hizo reflexionar enormemente. Era sobre un niño africano que, con su carita un tanto triste y llena de sorpresa, le preguntaba a una mujer occidental:

-¿Me está diciendo usted que los niños de su país usan el agua para jugar y que compran animales para tenerlos de mascotas y gastan en ellos mucho dinero para alimentarlos y tenerlos sanos? ¿Me está diciendo que en su país botan la comida cuando ya pasó la fecha de caducidad? ¿Me está diciendo que en su país la gente lava el auto con agua potable?

Es verdad, cuánto despilfarro predomina en la vida de unos cuantos mientras, para un gran porcentaje de la humanidad, la miseria rige sus vidas. Según datos de 2013 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) más del 50% de los niños de India y África sufren desnutrición; más de seis millones de niños mueren de hambre cada año en el planeta; más de un cuarto de la población mundial vive bajo el umbral de la pobreza; más del 80% de los niños del mundo no tiene acceso a antibióticos; cien millones viven en la calle, y muchos más millones son explotados sexualmente. ¿Puede haber estadísticas más tristes? ¿Te imaginas tú a uno de tus hijos, nietos o sobrinos, afectado por esos datos?

Aun en los países industrializados, que gozan de recursos económicos y sistemas de ayuda social, hay millones de personas pasando hambre. La FAO contabiliza que cada minuto que pasa, mueren más de diez niños de hambre en nuestro planeta, no solo en África y Asia, sino también en el continente Americano y en países industrializados. Nosotras, mientras tanto, queremos permanecer tranquilas y sin ser molestadas; e, incluso en ocasiones, nos damos el lujo de criticar a los pobres por no trabajar más o por no saber salir de su situación. Creo que nos hace falta algo más de sensibilidad ante la realidad que nos rodea.

«El que mira con misericordia será bendito, porque dio de su pan al indigente» (Prov. 22:9, RV95). Tal vez tenemos que aprender a mirar, para hacerlo de tal forma que nos lleve a no escatimar esfuerzos a la hora de compartir nuestro pan con los pobres.

Febrero 26

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