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Nunca faltarán pobres

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«Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des, porque por ello te bendecirá Jehová, tu Dios, en todas tus obras y en todo lo que emprendas» (Deuteronomio. 15:10, RV95).

La Biblia nos dice claramente: «Nunca faltarán pobres en medio de la tierra; por eso yo te mando: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra» (Deut. 15:11, RV95). Además, agrega que, cuando así lo hagamos, recibiremos la bendición de Dios en aquello que emprendamos. Obviamente, en lo que emprendamos para el avance de su obra; en lo que emprendamos para dar a conocer al mundo que Dios los ama y quiere salvarlos. Dios bendecirá nuestros esfuerzos por vivir una vida cristiana si nosotras miramos a los pobres que nos rodean y abrimos la mano para ayudarlos. ¿Qué te parece el reto? A mí me parece no solo una perfecta manera de vivir, sino una luz necesaria que muestre a todos el tipo de personas que hacen falta en el mundo de hoy.

«Nuestro Señor Jesucristo fue rico, y sin embargo por amor a nosotros se empobreció, para que mediante su pobreza pudiésemos ser ricos. Él pide a quienes ha confiado bendiciones temporales que sigan su ejemplo. Les dice: "Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis, les podréis hacer bien" (Mar. 14:7). La necesidad y miseria del mundo estimulan constantemente nuestra compasión y simpatía, y el Salvador declara que el ministerio de los afligidos y dolientes constituye el servicio más agradable para él. Él dice: “¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?" (Isa.58:7). Debemos servir a los enfermos, alimentar a los hambrientos, vestir a los desnudos e instruir a los ignorantes. Hay muchos que murmuran contra Dios porque el mundo está tan lleno de necesidad y sufrimiento. Pero el Señor es un Dios benevolente, y por esto desea que por medio de sus representantes a quienes ha confiado sus bienes, se satisfagan todas las necesidades de sus criaturas. Ha hecho provisión abundante para las necesidades de todos, y si los hombres no abusaran de sus dones reteniéndolos egoístamente de sus semejantes, nadie necesitaría padecer necesidad» (Consejos sobre mayordomía cristiana, pp. 157-158).

1) Sigamos su ejemplo. 2) Sirvamos en el ministerio a los afligidos y dolientes. 3) No retengamos egoístamente nuestros bienes. Amén.

Febrero 27

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