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Él da lo necesario

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«Abraham le puso este nombre a aquel lugar: "El Señor da lo necesario"» (Génesis. 22:14).

Dios nos pone a prueba para conocer de qué está hecho el amor que le profesamos cuando afirmamos ser cristianas. Y cuando atravieso ese tipo de pruebas, me hace mucho bien leer los relatos bíblicos que tienen como protagonistas a hombres y a mujeres que pasaron por el fuego ardiente de una dura prueba y demostraron amar al Señor por encima de todas las cosas. Porque ese es el ejemplo que yo quiero seguir.

Dime, ¿cómo es tu amor por Dios? ¿De cuánto te puedes despojar por amor a su nombre? ¿Estarías dispuesta a entregarle hasta lo más valioso que tienes, si él te lo pidiera? Eso fue lo que hizo Abraham: estuvo dispuesto a despojarse de lo que más amaba por amor a Dios y en obediencia a una petición directa del Señor.

«Dios puso a prueba la fe de Abraham» (Gén. 22: 1) pidiéndole que tomara a su hijo único Isaac, al que tanto amaba —el regalo de la promesa, el cumplimiento de una profecía- y lo ofreciera en holocausto sobre un cerro que él mismo le mostraría (vers. 2). Abraham, sin dudar, obedeció aquella orden tan difícil de cumplir. Amiga, no dudar de Dios es un acto de origen divino, que expresa que un ser humano se ha despojado de su orgullo para rendirse a la voluntad del Padre; no dudar de Dios indica que existe una bellísima relación de amor entre tú y él; no dudar de Dios es estar dispuesta a entregárselo todo, incluso lo que más amas, porque el amor a él es más profundo que ningún otro amor y más valioso que ningún otro bien. No dudar de Dios es fruto de un largo caminar con él.

Con seguridad, el corazón de Dios se conmovió hasta lo más íntimo al contemplar tal acto de amor y fe de Abraham. Seguramente fue el mismo Dios quien, con sus propias manos, le envió un carnero como provisión, «que estaba enredado por los cuernos entre las ramas de un arbusto» (Gén. 22:13). Sé que hoy tienes que entregar o sacrificar algo y sé que es muy difícil hacerlo. En el nombre de Jesús recuerda que «el Señor da lo necesario» (vers. 14). Levántate y dirige tus pasos al lugar que te indicó, y entrégale lo que te esté pidiendo. Si sabes que es él quien lo pide, puedes tener la certeza de que estás en buenas manos.

Marzo 01

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