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Levántate y resplandece

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«Dios le dijo a Jacob: "Levántate y vete a vivir a Betel. En ese lugar harás un altar al Dios que se te apareció cuando huías"» (Génesis. 35:1).

Génesis capítulo 27: Jacob, siendo aún joven, engaña a su padre para do usurparle a su hermano mayor la bendición de la primogenitura.

Incapaz de esperar a que Dios obrara en su vida, Jacob actuó por sí mismo, yendo en contra de los mandamientos divinos.

Génesis capítulo 35: el mismo Jacob, muchos años después, ha aprendido a depender de Dios para todo y a obedecerlo sin cuestionar sus razones y métodos. La misma persona; el mismo Dios; pero una gran experiencia vital entre ambas escenas. El Dios que lo había protegido de la ira de su suegro Labán y de la venganza de su hermano Esaú, seguía protegiendo a Jacob y guiando sus pasos. Este relato bíblico me da fe y esperanza de que el perdón y la restauración son posibles también para mí.

La orden fue: «Levántate y vete a vivir a Betel. En ese lugar harás un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano» (Gén. 35:1). La perspectiva de tener un encuentro especial con Dios en Betel llevó a Jacob a una obra completa de reforma. «Dijo a su familia y a todos los que lo acompañaban: “Saquen todos los dioses extraños que hay entre ustedes, báñense y cámbiense de ropa. Vámonos pronto a Betel, pues allá voy a construir un altar en honor del Dios que me ayudó cuando yo estaba afligido, y que me ha acompañado por dondequiera que he andado". Ellos le entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían y los aretes que llevaban en las orejas, y Jacob los enterró» (vers. 2-4). Eso es lo que sucede cuando se toma la decisión de seguir a Dios: ponemos nuestra vida en orden con su ley.

Querida hija de Dios, tu pasado no importa. Tus fracasos han quedado atrás, tus malos recuerdos han sido borrados en la cruz, tu vida infructuosa ha llegado a su fin... Dios quiere que, al igual que Jacob, te levantes, escuches su voz y vivas de acuerdo a sus principios, a partir de hoy. Haz de ti un altar de adoración, alabanza y obediencia. Purifica tu vida, quita esos dioses ajenos que albergas en el corazón, y muestra con tu conducta cómo es el Dios que te guía y te protege. Levántate y resplandece.

Marzo 02

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