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¿Por qué te preocupas?

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«¿Y por qué se preocupan ustedes por la ropa? Fíjense cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan. Sin embargo, les digo que ni siquiera el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como uno de ellos» (Mateo. 6:28-29).

¿Qué mujer no se preocupa por la ropa? De hecho este es un tema que, entre el género femenino, despierta bastante ansiedad: qué llevaré este sábado a la iglesia; qué me pondré para la boda de mi amiga... Me atrevo a especular que Jesús, cuando dijo estas palabras, pensó en mujeres como tú y yo, que vivirían en las diferentes etapas de la historia y latitudes de la tierra, y a las que la ropa les genera preocupación, bien sea por motivos económicos o por autoimagen. Pero esto, como todo lo demás, también es cuestión de fe.

«Fíjense cómo crecen los lirios del campo», dijo Jesús. Y, de hecho, yo me fijo en ellos porque tengo lirios blancos, con jaspes de color lila, en mi jardín. Cuando florecen, disfruto de la delicadeza y el aroma que desprenden. La naturaleza nos permite disfrutar de varios tipos de lirios: blancos, rojos, azules, púrpura y todos ellos se pueden transformar en exquisitos perfumes, cosméticos, jabones, etcétera. En general, las flores del campo son de una hermosura sin par, y Jesús nos está pidiendo que nos fijemos en ellas para que dejemos de estar preocupadas y confiemos en que Dios proveerá.

«Si Dios viste así a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, ¡cuánto más habrá de vestirlos a ustedes, gente falta de fe! Por tanto, no anden afligidos. [...] Todas estas cosas son las que preocupan a la gente del mundo, pero ustedes tienen un Padre que ya sabe que las necesitan. Ustedes pongan su atención en el reino de Dios» (Luc. 12:28-31). El tema de fondo está claro: nos preocupamos por garantizar nuestro futuro (ropa para vestir, comida para comer, trabajo para ganar un salario) cuando, en realidad, lo material es fuente de ansiedad. La única seguridad que podemos tener es la que deriva de una relación con Dios, que garantiza paz espiritual y vida eterna.

No hay certezas en la vida, pero así quiso Dios que fuera, para que aprendamos a tener fe y a depender de él. Esto no quiere decir que no velemos por el bienestar de los nuestros, sino que no nos preocupemos por qué nos deparará el futuro. Estamos en manos de Dios. Las mejores manos.

Marzo 08

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