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El dinero y tú

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«A los que tienen riquezas de esta vida, mándales que no sean orgullosos ni pongan su esperanza en sus riquezas, porque las riquezas no son seguras. Antes bien, que pongan su esperanza en Dios, el cual nos da todas las cosas con abundancia y para nuestro provecho» (1 Timoteo. 6:17).

Yo doy gracias a los pobres, porque ellos me hicieron rico», decía Rafael. Con el cabello cubierto de canas por causa de los años, y con una amplísima sonrisa, Rafael se jactaba de sus riquezas y posesiones. Le encantaba mostrar sus anillos de oro y diamantes. No contemplaba en aquellos momentos de soberbia que no somos eternos en este mundo, y que nuestro paso por la vida es corto e inseguro.

Cuando su esposa enfermó, él salió corriendo a comprarle muebles nuevos para toda la casa: una cocina, unos sofás, un juego de comedor y hasta una cama nueva. Pero lo único que ella pudo utilizar fue la cama, donde agonizó hasta morir, sin haber podido disfrutar de los nuevos enseres. Poco tiempo después, él falleció también.

¿Para qué acumular riquezas? ¿Para qué presumir de posesiones materiales? ¿Para qué cambiar la sencilla fe en Dios por la prepotente confianza en el dinero, creyendo que lo solucionará todo? ¿Para qué tener tanto si no lo compartimos con quienes más necesitan? ¿Para qué centrar la vida entera en algo tan efímero, en lugar de disfrutar, pasar tiempo con los hijos, leer, orar, ayudar a los demás...?

Si tienes dinero, alaba a Dios por ello, pero no lo conviertas en el centro de tu vida: compártelo y alégrate en hacer misericordia. Es importante llegar a un punto de equilibrio en nuestra relación con los bienes materiales que Dios nos da. Aquí te presento algunos consejos certeros de la Biblia:

  • «Mantente libre del amor al dinero, y conténtate con lo que tienes, porque Dios ha dicho: "Nunca te dejaré; jamás te abandonaré"» (Heb. 13:5, NVI).
  • «No te afanes acumulando riquezas; no te obsesiones con ellas» (Prov. 23:4, NVI).
  • «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción» (1 Tim. 6:9, NVI).
  • «Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También esto es absurdo!» (Ecle. 5:10. NVI).

Marzo 12

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