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Bienaventurada

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«¡Cuán bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores, sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche!» (Salmo. 1:1-2, LBLA).

Un joven estudiante de Teología solicitó un permiso para salir del internado un viernes de noche. El preceptor le advirtió que cerca del lugar adonde quería ir estaba el estadio, donde precisamente esa noche jugaría su selección nacional de fútbol.

-No te detengas —le advirtió.

-No se preocupe, señor, no lo haré —aseguró el joven, convencido de su prudencia.

Caminando hacia su lugar de destino aquella noche de viernes, de repente el joven vio a un grupo de personas paradas frente a un gran televisor, observando la retransmisión del partido de fútbol. Se detuvo a ver cómo iba el marcador y, finalmente, se acomodó. Al día siguiente salió en las fotografías de los periódicos, celebrando felizmente junto a aquel grupo de aficionados. Recibió una sanción de la universidad, pues era un centro de educación adventista.

Al joven de este relato le hubiera venido bien conocer a fondo el primer capítulo del libro de los Salmos. El primer versículo de este pasaje nos da tres consejos muy útiles a la hora de relacionarnos con personas de hábitos no cristianos.

  1. No andes en consejos de los impíos. «El sabio teme al mal y se aparta de él, pero al necio nada parece importarle» (Prov. 14:16). ¿Y a ti, te importa? Entonces elige bien con quién vas y adónde vas. ¿Por qué? «Porque los hombres justos piensan en la justicia; los malvados, solo en el engaño» (Prov. 12:5). No te dejes engañar.
  2. No te detengas en el camino de los pecadores. Cuando te detienes, muestras deseo de pecar, acariciar y transitar en un camino que no es el que Dios traza para sus hijas. Sigue en tu caminar cristiano, con la mente centrada en las cosas de Dios, sin detenerte a ver qué es lo que están haciendo las personas cuyos intereses están lejos del Señor.
  3. No te sientes en la silla de los escarnecedores. De hecho, no te sientes a observarlos, porque cuando decides sentarte, es señal de que has decidido acomodarte «felizmente» en la senda del pecado.

Sé bienaventurada, evita llevarte por el consejo de los impíos, detenerte en su camino y sentarte con ellos. Deléitate en Dios.

Marzo 18

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