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La que me ama

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«El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él» (Juan 14:21).

Los registros históricos dan testimonio de los tiempos de gran turbulencia política que vivieron los cristianos en el Imperio Romano, hasta que llegó al poder el emperador Constantino quien, en el año 313 d. C., legalizó la religión cristiana en todo su imperio con el Edicto de Milán. Puso fin así a la persecución de los cristianos e instituyó un nuevo día de reposo: el domingo. Esta festividad semanal era en honor del dios Sol, al cual él adoraba desde siempre y cuyo símbolo portaba. Así, la observancia del sábado bíblico se convirtió en minoritaria dentro del cristianismo.

La cultura latina, que es la nuestra, ha heredado mucho del Antiguo Imperio Romano. Hemos heredado cosas tan importantes como una mentalidad, una religión mayoritaria que es el catolicismo, o un sistema jurídico. Y la cultura pesa muchísimo en las decisiones que tomamos. Para muchos, las costumbres de sus padres, de su familia, de su país, de la sociedad en la que viven, son más importantes que la verdad. Para muchos, la convivencia en paz, la tradición, el no ser diferente, pesan más de lo que pesan las verdades de la Palabra de Dios. Pero Jesús está buscando hijos e hijas fieles, que lo amen y para quienes la verdad del evangelio sea más importante que las tradiciones y los valores de la cultura.

«Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús» (Apoc. 14:12, RV95). Los mandamientos de Dios, tal y como él los escribió con su propio dedo, incluyen la observancia del sábado: «Acuérdate del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el sábado y lo santificó» (Éxo. 20:8-11, RV95).

La Palabra de Dios no puede ser modificada, así que la decisión la tienes tú. Si lo amas, guarda sus mandamientos. Feliz sábado.

Marzo 21

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