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Siempre al ciento por ciento

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«Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto» (Mateo. 5:48).

Sí, yo soy cristiana... pero me encanta comer comida chatarra siempre que puedo. Sí, soy cristiana... pero últimamente he dejado de ir a la iglesia porque tengo una relación con un hombre casado. Sí, soy cristiana... pero de vez en cuando tengo que decir una pequeña mentira para que no se metan tanto en mi vida. Sí, soy cristiana... pero en la declaración de impuestos no pongo todo lo que he ganado. Sí, soy cristiana... pero vivo tan ocupada que la lectura de la Biblia y la oración las dejo para el sábado, porque no tengo tiempo durante la semana. Sí, soy cristiana... aunque de vez en cuando diga malas palabras porque es que también mis padres las decían. Sí, soy cristiana pero... Creo que algo está fallando en esta manera de entender el cristianismo.

En los Evangelios, Jesús nos invita a ser «perfectos», aunque también hemos de tener cuidado con esta palabra. No es que una pueda alcanzar aquí en esta tierra las alturas de un cristianismo impecable; no, eso es imposible, la impecabilidad no existe. Perfecto no hay ni aún uno (ver Rom. 3:10-18). De lo que se trata es de seguir en pro de la madurez cristiana: «Sean adultos en su modo de pensar» (1 Cor. 14:20). Se trata de ir alcanzando poco a poco esa manera adulta de vivir el cristianismo.

Jesús nos está hablando aquí de la santificación, que es un proceso, una edificación progresiva del carácter para que vaya pareciéndose cada vez más al de Cristo. «Cuanto más cerca estés de Jesús, más imperfecto te reconocerás; porque verás con mayor claridad tus defectos en manifiesto y evidente contraste con su perfecta naturaleza. Esta es una señal cierta de que los engaños de Satanás han perdido su poder y de que el Espíritu de Dios te está despertando. No puede existir amor profundo hacia el Señor Jesús en el corazón que no comprende su propia perversidad. El alma transformada por la gracia de Cristo admirará el divino carácter de él; pero cuando no vemos nuestra propia deformidad moral damos prueba inequívoca de que no hemos vislumbrado la belleza y excelencia de Cristo» (El camino a Cristo, cap. 7, p. 97).

Jesús busca personas que deseen ser cristianas al ciento por ciento; que se deleiten en vislumbrar la excelencia de Cristo para reconocer sus propias imperfecciones y comenzar un proceso de edificación progresiva del carácter.

Marzo 27

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