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Los sicómoros del camino

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«Corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí» (Lucas. 19:4, RV60).

Zaqueo, un «hijo de Abraham» (Luc. 19:9, RV95), es decir, judío, «era jefe de los publicanos» (Luc. 19:2, RV60) y, por tanto, odiado por sus compatriotas judíos. «Su posición y fortuna eran el premio de una profesión que ellos aborrecían y a la cual consideraban como sinónimo de injusticia y extorsión. Sin embargo, el acaudalado funcionario de aduana no era del todo el endurecido hombre de mundo que parecía ser. Bajo su apariencia de mundanalidad y orgullo, había un corazón susceptible a las influencias divinas. Zaqueo había oído hablar de Jesús» (El Deseado de todas las gentes, cap. 61, p. 520) y estaba ansioso por verlo. Aquel hombre de baja estatura salió corriendo al encuentro del Maestro. No podía darse el lujo de caminar, pues la adrenalina aceleraba su paso en busca de esperanza. Quería encontrar una solución a su vil existencia.

Avanzando más rápido que la multitud, logró adelantarse a todos, pero no podía ver, pues era demasiado bajito. Entonces, «casualmente» --si es que existieran las casualidades-, vio un sicómoro. ¡Perfecto! Podía subirse a él, sabiendo que Jesús pasaría exactamente por allí. Los árboles de sicómoro, oriundos del Medio Oriente y del norte de África, poseen cierta similitud con la higuera, de la que son familia. Su tronco es ancho y sus raíces a menudo están expuestas a la superficie. Su madera es tan resistente que los egipcios la usaban para elaborar sarcófagos. Este árbol fue crucial para Zaqueo, pues al tener ramas casi al nivel del suelo, permite a cualquiera, incluso a un niño pequeño, poner sus pies, como si fueran peldaños, para escalar sus nudosas y amplias ramas hasta sentarse en una de ellas.

Nada es casualidad. Dios pone en nuestro camino los instrumentos que necesitamos para la conversión, y a la medida exacta de nuestras necesidades. No cualquier árbol serviría a los propósitos de Zaqueo, pero aquel, precisamente el que estaba allí, era perfecto. Jesús pasó junto al sicómoro para llevar salvación a aquel jefe judío de recaudadores de impuestos para Roma.

Y tú, ¿ya has descubierto los sicómoros de tu vida? ¿Ya te has dado cuenta de cuáles han sido los instrumentos a medida que Dios puso en tu camino para que afincaras tus pies en sus peldaños? ¿Qué te parece si hoy le das gracias por ello y confías plenamente en que seguirá proveyendo para ti?

Abril 02

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