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Esforzarse hasta el final

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«Eliseo estaba enfermo de muerte, y Joás, rey de Israel, fue a verlo, y lloró y lo abrazó, diciendo: "¡Padre mío, padre mío, que has sido para Israel como un poderoso ejército!"» (2 Reyes. 13:14).

La conocí cuando ella llevaba cuatro años de auténtico esfuerzo por graduarse. Aquella joven había obtenido grandes logros gracias a su trabajo arduo y tenaz, a pesar de sus malos comienzos. Recién nacida, su madre la regaló y su padre la abandono. A pesar de ello, salió adelante. Para cuando estudiaba en la universidad, se pagaba la carrera limpiando casas por las mañanas. Por las noches estudiaba. La admiré muchísimo, ya que las personas así son un ejemplo de persistencia y esfuerzo. A diferencia de otras personas, que son precisamente todo lo contrario. Como el rey Joás.

Joás, rey de Israel, distaba mucho de ser un hombre persistente y esforzado. En una ocasión, sentía un profundo desánimo a causa de sus enemigos y buscó al profeta Eliseo para pedirle ayuda. El profeta de Dios le dio indicaciones simbólicas que el rey debía ejecutar con fe y valor. La primera fue: «Toma un arco y algunas flechas». El uso de los arcos y las flechas en la antigüedad era un factor decisivo en las batallas. Los arcos y las flechas podían ser empleados, a la distancia, para llegar al blanco con efectividad. La siguiente instrucción del profeta fue: «Prepárate a disparar una flecha», y Eliseo puso sus manos sobre las manos del rey. «Abre la ventana que da al Oriente», siguió indicando el profeta, pues allí se ubicaban los enemigos. «Ahora, ¡dispara!». Mientras Joás disparaba, Eliseo proclamaba: «¡Flecha salvadora del Señor! ¡Tú vas a derrotar a los sirios!». Finalmente, el profeta indicó: «Ahora golpea el suelo», pero el rey lo golpeó solo tres veces y cesó, sin que Eliseo le hubiera indicado que se detuviera. «Entonces el profeta se enojó con él y le dijo: “Si hubieras golpeado el suelo cinco o seis veces, habrías podido derrotar a los sirios hasta acabar con ellos”» (ver 2 Rey. 13:14-19).

¿Cuántas veces te has rendido y has desistido de una meta digna porque conllevaba esfuerzo? ¿Cuántas veces, viendo claramente que Dios te ponía una misión, dijiste que no por temor al esfuerzo que requería? ¿Cuántas veces te has rendido porque te sientes incapaz de vencer un defecto de carácter o una tentación? ¿Sabes? Nada se resuelve llorando, sino persistiendo, esforzándonos y aferrándonos de Dios, que es quien nos da las victorias.

Abril 03

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