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Como las estrellas

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«El Señor, que hizo las Pléyades y el Orión, es quien convierte la noche en día y el día en noche oscura; quien llama a las aguas del mar y las derrama sobre la tierra. [...] El Señor, ese es su nombre» (Amós 5:8).

Nadie puede ignorar la gala con la que se viste el firmamento. Esa extensa masa de gases con elevadas temperaturas deja perplejos nuestros sentidos al mirarlas. La centelleante luz que observamos en el cielo cuando alzamos la vista por la noche anuncia el poder de Dios.

Las estrellas que podemos ver desde la tierra son apenas una muestra de todas las que realmente hay pero que permanecen ocultas a nuestros ojos. Los astrónomos han calculado que el número de estrellas de la Vía Láctea, a la que pertenecen el Sol y nuestro planeta Tierra, asciende a cientos de miles de millones. Con razón dijo Job: «Si él lo ordena, el sol no sale, y él es quien pone sello a las estrellas. Él solo extiende los cielos, y anda sobre las olas del mar. Él hizo la Osa y el Orión, las Pléyades y los más remotos lugares del sur. Él hace cosas grandes e incomprensibles, maravillosas y sin número» (9:7-10, RV95). El problema del ser humano es que no sabemos ubicarnos bien con respecto a Dios; no sabemos darle el lugar que le corresponde y tener una clara percepción de que somos en realidad nosotros, criaturas, con respecto a él.

Cada constelación posee tal grandeza que Job se preguntaba: «¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades? ¿Desatarás las ligaduras de Orión?» (Job 38:31, RV95). El Salmista, por su parte, decía: «Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas las llama por sus nombres» (Sal. 147:4, RV95). Y el apóstol Pablo escribió: «Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en resplandor» (1 Cor. 15:41, RV95). Mayor es aún el resplandor de nuestro Dios.

¿Te gustaría que tu vida tenga hoy el brillo de una estrella? Entonces necesitas buscar al que hace las Pléyades y el Orión. Porque los que buscan el rostro del Señor, dice el Salmista, jamás se verán defraudados y su rostro brillará (ver Sal. 34:5). El Arquitecto del firmamento; el que transforma la noche en mañana; el Creador del ejército celeste (ver Deut. 4:19), que con su poder sella las estrellas (ver Job 9:7), puede llenar tu vida de luz si se lo pides hoy. ¿No te parece una buena manera de comenzar el día?

Abril 08

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