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Los misterios de la vida cristiana

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«Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios» (Deuteronomio. 28:2, RV60).

En una oportunidad, me acerqué a una mujer cuya hija estaba agonizando por causa del cáncer, y le dije:

-¿Sabe? Todos los días mis hijos y yo oramos por ustedes.

A lo que ella me contestó:

-¡Muchas gracias! Si supiera qué bendiciones tan grandes hemos recibido en estas circunstancias tan duras... Siga orando, por favor, no deje de hacerlo.

Su rostro tenía una luz especial; su sonrisa dejaba claro que la presencia de Dios estaba con ella, con su hija enferma y con toda su familia. Ellos dedicaban tiempo a estar en la presencia de Dios y, como dice nuestro texto de hoy, los alcanzaron las bendiciones del Señor. Parece increíble que en momentos tan críticos como una enfermedad mortal que nos deja sin esperanza de vida física aquí en esta tierra, puedan recibirse bendiciones tan grandes. Pero es así, y tal vez lo sabes ya por experiencia propia.

Mucha gente se pregunta: ¿Cómo es posible sentir que uno recibe bendiciones cuando lo está pasando mal? Es posible, porque Dios nunca deja de acompañarnos, en lo bueno y en lo malo que este mundo de pecado pone delante de nosotras. Cuando esta mujer perdió a su hija, la gente presenció un funeral diferente. La familia pudo glorificar y dar gracias a Dios por su misericordia y eso impactó enormemente los corazones presentes. Aun en un día tan aciago, dieron un testimonio conmovedor del amor de Dios.

En Proverbios 10:6 leemos: «Hay bendiciones sobre la cabeza del justo; pero violencia cubrirá la boca de los impíos» (RV60). Esto explica un poco el tema que estamos tratando hoy. Las personas que se vuelven contra Dios durante los problemas y dificultades de la vida, blasfemando y haciéndole reclamos absurdos, se pierden las bendiciones que tiene reservadas para la persona justa que comprende que vive en un mundo en conflicto, y que Dios no nos ha prometido que no sufriremos. Una de las bendiciones que se reciben es la paz de Dios. Y eso, querida amiga, no es poca cosa.

Las mayores bendiciones se pueden sentir aun en medio de la peor tribulación, si estás atenta a las manifestaciones de Dios y confías en que él es más poderoso que las circunstancias.

Abril 20

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