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Aunque te vaya mal

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«El hombre prepara el caballo para entrar en batalla, pero el Señor es quien da la victoria» (Prov. 21:31).

Yo había pasado un día difícil. Un familiar mío tenía un grave problema y todos estábamos angustiados. Yo sentía como si el problema fuera mío también, y me causaba un sinfín de sentimientos, frustraciones, disgustos y ganas de llorar. No sabía qué debía hacer exactamente: si reprender a aquella persona por su deshonestidad o simplemente orar y esperar en Dios. Fuera como fuere, yo estaba triste y agobiada. De repente, comencé a hablar con Dios mientras pelaba zanahorias; le pedí que me diera paz, sabiduría y una salida. Sé que mi rostro reflejaba cada sentimiento encontrado que había dentro de mí, pero no podía evitarlo.

Mi hijita de cinco años jugaba con su hermano en la sala mientras yo le decía a Dios que me sentía desanimada y que necesitaba su intervención en mi vida. En ese instante, mi pequeña comenzó a cantar muy alto, repitiendo una y otra vez el mismo estribillo: «Está siempre contento, aunque le vaya mal, está siempre contento, aunque le vaya mal».

Agudicé mi oído para corroborar aquellas palabras y, como si fuera la respuesta de Dios enviada con una flecha directa a mi corazón, cambié la expresión de mi rostro de inmediato. Me dirigí entonces a mi hija y le pregunté:

-Hija, ¿qué quiere decir esa linda canción que estás cantando?

Con su carita expresiva, me respondió:

-Mami, que los hijos de Dios están contentos aunque les vaya mal.

Poco sabía ella que su cantar infantil fue para mí un bálsamo que calmó mi espíritu agitado. Al día siguiente, mi problema seguía sin resolver, pero mi mente tenía un nuevo enfoque: confiada totalmente en Dios, esperaría a que él me diera la victoria

En épocas del Antiguo Testamento, los hombres alistaban sus caballos para entrar en la batalla, pero era el Señor quien daba la victoria. Por mucho que los soldados pusieran su confianza en aquel animal que habían adiestrado para la guerra, el verdadero instrumento de su éxito era el poder de Dios.

Dios dejó un mensaje muy claro en su Palabra: aunque tú te pongas a preparar tus herramientas para vencer (o lograr lo que en tu opinión sería una victoria) Dios es el único que da la victoria y que sabe, en realidad, que constituiría una victoria en tu vida. Por eso, aunque te vaya mal, tienes motivos para alegrarte en él.

Abril 22

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