Regresar

Sierva de la justicia

Play/Pause Stop
«Libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia» (Romanos. 6:18, RV60).

María estaba triste. Su corazón desfallecía. Reconocía que había actuado mal, castigando a su pequeña hijita. Le dolía ver cómo cada correazo quedaba marcado en aquellas piernitas que tanto amaba. Cada vez que reaparecía la ira cuando castigaba a su hija, María sentía que una sombra comenzaba de nuevo a rondarle en la conciencia.

-Antes le pegaba a mi hija y no me sentía mal -me dijo una vez—. Ahora siento que prefiero morir antes que fallarle a mi pequeña, y mucho menos a Dios.

Yo no supe qué decirle. Era obvio que un cambio de perspectiva y de mentalidad estaba teniendo lugar en María. Una nueva sensibilidad hacia su hija, hacia la educación y hacia su propia actitud ante la vida y ante Dios estaba abriéndose camino en su personalidad. De hecho, yo creo que María estaba siendo «<libertada del pecado» y llegando «a ser sierva de la justicia» (Rom. 6:18, RV60). De esa justicia que no tiene nada que ver con la «justicia» humana, sino con la divina, que es bien diferente.

Comentando precisamente este versículo de Romanos 6:18, el Comentario bíblico adventista dice así: «La conversión significa un cambio de amos. El creyente es liberado de la esclavitud de la tiranía del pecado y se convierte en esclavo de la justicia. Pero la esclavitud de la justicia es en realidad verdadera libertad. Los que sirven al pecado y a Satanás son esclavos de sus propios impulsos y pasiones, que a su vez están bajo el dominio del maligno. Cuando Dios invita a los hombres a que sirvan a la justicia les está ofreciendo libertad. "Obedecer a Dios es quedar libre de la servidumbre del pecado y de las pasiones e impulsos humanos» (t. 6, p. 539).

Si, al igual que María, últimamente te has venido sintiendo mal al hacer ciertas cosas que reconoces tienen origen en tus impulsos y pasiones, es porque se está produciendo un cambio dentro de ti. Esta nueva sensibilidad que el Espíritu Santo está generando en tu interior es fruto de la conversión, y es el primer paso para dejar de ser esclava del pecado. Estás en camino a la verdadera libertad que es en Cristo Jesús. Estás siendo transformada «mediante la renovación de tu mente, para que verifiques cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, agradable y perfecto» (Rom. 12:2, NBLH). Y cuando la verifiques, puedas cumplirla.

Abril 24

Matutina para Android