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¿Qué clase de fama tienes?

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«La reina de Sabá oyó hablar de la fama que Salomón había alcanzado para honra del Señor, y fue a Jerusalén para ponerlo a prueba con preguntas difíciles» (1 Reyes. 10:1).

Tenía mala mala. Era apenas una adolescente que aún estaba en el colegio, pero ya todo el mundo sabía que tenía un vocabulario soez, una actitud desobediente, que era altanera e irrespetuosa con los profesores y que se burlaba de todo el mundo. No proyectaba ni un destello de prudencia y sabiduría. Finalmente, no pudiendo ya lidiar más con las actitudes de ella, el cuerpo docente de la institución decidió expulsarla. Qué duro debe de haber sido para los padres recibir la noticia de que no había lugar para su hija. Pero al menos suponía una oportunidad de reconsiderar y cambiar.

«Vale más tener buena fama y reputación, que abundancia de oro y plata» (Prov. 22:1). Qué cierto. Y claro está que, a veces, la mala fama llega de manera totalmente inmerecida; si ese fuera tu caso hoy, confía en Dios; él te pondrá en tu sitio a su debido tiempo y ante las personas que realmente importan. Otras veces, la fama (buena o mala) llega por aquello que decimos y hacemos diariamente, y que los demás observan. Eso fue lo que le sucedió al sabio Salomón.

Salomón había adquirido tanta y tan buena fama que había llegado a lugares muy lejanos. «La reina de Sabá oyó hablar de la fama que Salomón había alcanzado para honra del Señor, y fue a Jerusalén para ponerlo a prueba con preguntas difíciles» (1 Rey. 10:1). Salomón contestó a todas las preguntas que le hizo la reina de Sabá y ella quedó admirada tanto de su sabiduría como de la preciosa casa que había edificado. Admiró la comida de la mesa de Salomón, las habitaciones, las ropas y los holocaustos que allí se ofrecían a Jehová. ¿Podrán también admirarte a ti por tu hogar, por lo que comes, por cómo te vistes y por tu vivencia de la religión?

Cuando se te acerquen con preguntas esas personas que te observan y quieren saber más de ti, ¿qué clase de respuestas les darás al porqué de tus palabras, de tus hechos o de tus posesiones? ¿Será que esas respuestas darán honra al Señor? Si no es así, tal vez la fama que te has granjeado hasta ahora no sea de la clase que realmente vale la pena.

Abril 27

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