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Descanso para tu alma

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«Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas» (Mateo. 11:29, RV60).

Desde la arena de la playa, podíamos ver las gaviotas volando en medio de un espléndido cielo azul. Mi pequeña, que entonces tenía un añito, caminaba sonriente señalando a aquellas aves, mientras yo le hablaba de ellas. Con el tiempo descubrí algunos datos interesantes sobre las gaviotas. Por ejemplo, ¿sabías que las gaviotas lloran por el pico? ¡En serio! Esa es la manera en que estas aves se deshacen del exceso de sal que ingieren cuando beben agua de mar. Por eso sus lágrimas son de color blanco. Hasta ellas saben que todo aquello que nos sobra hemos de expulsarlo de una u otra manera o, de lo contrario, nos hará daño.

Los seres humanos también necesitamos eliminar excesos de nuestra vida; y no me refiero a la alimentación o al consumismo, me refiero a deshacernos de las tensiones emocionales, las ansiedades, preocupaciones, incertidumbres y otras «cargas» mentales que vamos acumulado y que nos intoxican. Paradójicamente, la manera en que Jesús nos propone liberarnos de ellas es a través de tomar su yugo. Benditas las paradojas que nos enseñó Jesús.

El yugo tiene mala fama, porque lo vemos como un instrumento de sometimiento (y con esta interpretación lo presenta la Biblia también en otros pasajes); sin embargo, el yugo se creó para hacer más llevadero el trabajo del animal de campo y para enseñar al buey nuevo los conocimientos del buey experimentado. Y eso es lo que quiere hacer Jesús con nosotras: enseñarnos, mediante nuestra dependencia de él, a vivir un estilo de vida que coincida de tal manera con sus principios y enseñanzas, que hacer su voluntad sea para nosotras lo más natural.

«El que ama verdaderamente a Cristo, se deleita en hacer su voluntad. Los que toman el yugo de sumisión al Maestro, los que van a aprender en su escuela, hallarán descanso para el alma como él lo ha prometido. La pesada carga de la justicia legalista, de esforzarse por ganar la salvación mediante méritos supuestamente ganados por las obras personales y no por los méritos de Cristo, y la carga aún más pesada del pecado, todo eso desaparecerá» (Comentario bíblico adventista, t. 5, p. 379).

Llevar el yugo de Cristo es unirnos a él de tal manera que su experiencia sea nuestra maestra en el arte de vivir y trabajar para él. Jesús es el experimentado Hijo de Dios que quiere enseñarnos todo lo que aprendió del Padre. Permítele que te ponga su yugo.

Abril 29

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