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Integridad

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«Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos. 5:29).

Comparta dos mil colones con su hermanito pequeño», fue la indicación de aquella mujer. Era el cumpleaños de una jovencita a la que conocía y le estaba dando algo de dinero como regalo, para que se comprara lo que ella quisiera. Pero la joven, confiando en que su hermanito nunca sabría nada de aquella escena, decidió quedarse con todo para ella.

«Mujer soltera busca», decía el anuncio que de pronto apareció en la pantalla de la computadora. Aquel hombre, por cierto cristiano y casado, estaba solo en su casa, leyendo sus correos electrónicos. ¿Le daría clic al enlace de la mujer semidesnuda, o tendría el rigor moral de apagar el equipo e irse a otro lugar mientras pasaba la tentación? Al fin y al cabo, nadie se enteraría nunca.

«¿Sabías que fulanita está embarazada? Y eso que su padre es el primer anciano... pero no supo ni enseñar a su hija a llegar virgen al matrimonio», le comentó una hermana de iglesia a otra. El chisme era demasiado bueno para dejarlo pasar, así que pronto la conversación se tornó de lo más jugosa.

Sí, lo reconozco, es tremendamente difícil ser integra hoy en día, por dos razones: por nuestra propia naturaleza humana pecaminosa (esto no ha cambiado desde el pecado) pero también por los tiempos en que vivimos, donde la inmoralidad y la corrupción abundan por doquier, no solo en las grandes esferas del poder, sino a pie de calle. Las tentaciones ya no hay que ir a buscarlas, vienen a llamar a la intimidad de nuestra casa. Y qué difícil decir que no cuando una cree que nadie se va a enterar.

Que arroje la primera piedra quien esté libre de pecado; obviamente, yo no la puedo arrojar. Lo único que puedo es reconocer mis limitaciones y confiar en que es únicamente por el poder de Dios que tengo ante mí la esperanza de poder vivir una vida integra, con una moralidad basada en el principio de la obediencia a Dios.

Filipenses 1:6 me consuela: «Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese». Mientras tanto, mientras Dios va haciendo esa buena obra en nosotras, «todo lo que hagan o digan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él» (Col. 3:17).

Abril 30

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