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Tu cohete de cartón

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«Lo mejor que puede hacer el hombre es comer y beber, y disfrutar del fruto de su trabajo, pues he encontrado que también esto viene de parte de Dios» (Eclesiastés. 2:24).

Había una vez un niño cuyo mayor deseo era tener un cohete para jugar.

Le encantaba todo lo que tenía que ver con el espacio, e imaginaba que era un astronauta que llegaba a la luna. Lamentablemente, sus papás no tenían dinero para comprarle su anhelado cohete. Un día, el niño encontró tirada en la calle una caja de uno de esos cohetes que él tanto deseaba, y corrió a recogerla. Qué decepción cuando, al agarrarla en sus manitos, vio que estaba vacía. Pero en la caja había una ilustración del cohete, así que recortó el cartón y lo pegó en la pared de su cuarto. Luego le añadió un precioso escenario del espacio hecho por él mismo con cartulinas, materiales que iba encontrando en la basura y papeles de muchos colores.

Cuando su amiguito entró al cuarto, se quedó fascinado con aquella obra espectacular. Tanto le impresionó que decidió darle su propio cohete de juguete a cambio de aquel adorno para la pared. El niño aceptó el intercambio, pero descubrió tiempo después que había sido un error. La felicidad que había sentido decorando su pared se había esfumado por completo. El juguete no le daba ni la mitad de satisfacción. El esfuerzo, la constancia, la entrega, la ilusión, la expectativa y la motivación que había puesto en la obra de sus manos fueron en realidad su momento más feliz.

Creo que lo mismo puede sucedernos a nosotras con el trabajo de nuestras manos, ese con el que nos ganamos el pan o el que desempeñamos en la casa cada día sin remuneración económica. Podemos derivar felicidad de él si lo hacemos con gozo en el corazón. Sé que puede sonar a un ideal imposible de cumplir, pero sí que hay mucho que puedes hacer para caminar en esa dirección. Puedes, en primer lugar, ilusionarte con lo que haces; luego, ponerle esfuerzo, constancia, entrega y motivación. Y si el entorno que te rodea es frío y distante, tal vez tú puedas aportar tu granito de arena llevando apertura mental, educación (sí, aunque parezca mentira, faltan los buenos modales a veces en las empresas) y la mayor profesionalidad posible.

En lo que esté en tu mano, haz tu trabajo de tal modo que puedas disfrutar de su fruto.

Mayo 02

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