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Lengua de sabios - 2a parte

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«Cuidar las palabras es cuidarse uno mismo; el que habla mucho se arruina solo» (Proverbios. 13:3).

Cuenta una graciosa fábula que un perro estaba perdido en el bosque cuando, de pronto, se encontró con una pantera decidida a comérselo.

Temiendo perder la vida, el perrito miró a todas partes buscando una salida, y descubrió unos huesos de animal en un rincón. Mirándolos, exclamó en voz alta:

-¡¡¡Qué rica pantera me acabo de comer!!! Necesito encontrar otra.

La pantera salió entonces corriendo, asustada, con miedo de ser ella la próxima en ser devorada por aquel animal.

Desde una rama de un árbol cercano, un solitario mono, que había presenciado la escena, corrió hacia la pantera para contarle lo que había sucedido:

-Amiga, no huyas; esos huesos ya estaban allí desde hace mucho tiempo. El perro se ha burlado de ti.

La pantera, enojada y con el monito encaramado a su lomo, salió corriendo para, esta vez sí, comerse al perro. Cuando el perro se enteró de que el mono se lo había contado todo a la pantera, se giró de espaldas como si no los hubiera visto y exclamo:

—¡Hace rato que envié al mono a buscarme una pantera para comérmela, pero no llega! ¿Qué le habrá pasado?

De nuevo, la pantera se dio la vuelta y salió huyendo. Las palabras del mono, por más que parecieran sabias, solo le sirvieron a la pantera para experimentar el mismo temor por segunda vez. Suele suceder cuando uno se mete donde no lo llaman. Las palabras del perro, por su parte, astutas e incisivas, le permitieron salir dos veces victorioso ante un animal superior en fuerza y poder.

Traslademos el tema a nosotras hoy. La Biblia nos dice: «El que guarda su boca guarda su vida» (Prov. 13:3, RV95). Y aunque la experiencia demuestre una y otra vez que esto es así, parece que nos cuesta aprenderlo y fijarlo en nuestra mente. Nos buscamos problemas innecesarios por no ser capaces de callarnos a tiempo, o de no dar pie a algo inapropiado que nos están diciendo.

Querida amiga, «es de sabios hablar poco» (Prov. 17:27), porque «cada uno recoge el fruto de lo que dice» (Prov. 12:14). «El inteligente no hace alarde de su saber, pero el necio hace gala de su estupidez» (Prov. 12:23). ¿En qué grupo quieres situarte tú?

Mayo 04

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