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Lengua de sabios - 3a parte

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«La vida y la muerte dependen de la lengua; los que hablan mucho sufrirán las consecuencias» (Proverbios. 18:21).

Cuenta una conocida historia que dos niñas querían tenderle una trampa a un sabio anciano. Así que una de ellas tomó una mariposa entre las manos, las cerró de tal forma que no se viera, y preguntó al sabio:

-¿Cómo cree usted que está esta mariposa, viva o muerta?

El sabio respondió:

-Está como tú quieras que esté, pues está en tus manos.

Hasta cierto punto, lo mismo sucede con tus relaciones interpersonales: gran parte de su éxito está en tus manos, porque depende de las palabras que dices y de las que callas. Y eso, decidir qué decir y qué callar, solo está en tu mano. Por eso, ser impecable con tus palabras es de la mayor relevancia.

¿Sabes? Para hablar bien, hay que pensar bien (de todo y de todos); empezar por ahí es el primer paso. «Cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir» (Rom. 12:2), nos indica el apóstol Pablo. Hoy, yo te invito en el nombre de Jesús a abrirle tu mente a la obra del Espíritu Santo para que te ayude a tener un pensamiento sano y convertido que se refleje en palabras que sean de vida para ti y para tus relaciones interpersonales. Porque «el que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca» (Luc. 6:45, NVI).

Si uno de tus defectos de carácter es hablar demasiado, fuera de tiempo y de temas que no aprovechan, creo que merece la pena hacer un esfuerzo consciente por superar ese mal hábito. Desde estas páginas te ayudo con algunas indicaciones de las Sagradas Escrituras:

  • «Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan» (Efe. 4:29, NVI).
  • «La lengua que brinda alivio es árbol de vida; la lengua insidiosa deprime el espíritu» (Prov. 15:4, NVI).
  • «No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición» (1 Ped. 3:9, NVI).
  • «Hasta un necio pasa por sabio si guarda silencio; se le considera prudente si cierra la boca» (Prov. 17:28, NVI).

Mayo 05

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