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Decir siempre la verdad

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«El Señor aborrece a los mentirosos, pero mira con agrado a los que actúan con verdad» (Proverbios. 12:22).

Hoy vamos a hablar un poquito más sobre uno de los aspectos que presenté en la reflexión del día de ayer, y que se encuentra en el célebre texto de Proverbios 6: Dios odia la lengua mentirosa. Palabras fuertes, pero que a veces (con demasiada frecuencia) no tomamos lo suficientemente en serio. Por alguna razón nos hemos convencido de que mentir no es tan grave; pero si creemos así nos estamos engañando a nosotras mismas y, desde luego, nos estamos distanciando de las Sagradas Escrituras. Estas, y no la cultura que nos rodea, han de ser el fundamento de nuestra conducta.

Para Dios, que sus hijas mientan es grave. Muy grave. En Jeremías 9:5 leemos un texto que nos orienta muy bien de la gravedad de la mentira ante los ojos de Dios: «Cada uno engaña a su compañero y ninguno dice la verdad. Han acostumbrado su lengua a decir mentiras y se ocupan de actuar perversamente» (RV95). Como ves, en los tiempos de Jeremías, el pueblo de Dios tenía el «hábito» (se habían acostumbrado) de engañar no a sus enemigos, sino a sus compañeros, a sus amigos, a sus vecinos, probablemente a sus familiares también. Llegaron a convertir en hábito algo que, en principio, no se hace con facilidad: mentir. Luego, una vez se fueron acostumbrando a hacerlo, la mentira perdió gravedad para sus conciencias, que se vieron cauterizadas.

Hay gente que sí miente de manera patológica. Son los mitómanos. Pero ese es un trastorno de la personalidad. En ellos la compulsión es tan fuerte que la mentira forma parte de su diario vivir; pero para nosotras, las mujeres sin trastornos mentales que nos llamamos cristianas, la mentira no debe ser una opción (mucho menos un hábito). Si reconoces que a veces te cuesta decir la verdad, convendría que tuvieras estos tres versículos presentes:

  • «El que dice la verdad permanece para siempre, pero el mentiroso, solo un instante» (Prov. 12:19). ¿Qué prefieres tú, la vida eterna o disfrutar apenas la vida en este mundo?
  • «El justo aborrece la palabra mentirosa» (Prov. 13:5, RV95). ¿Qué eliges tú: ser justa o injusta?
  • A la mujer «respetable no le sienta bien el hablar con engaños» (Prov. 17:7). ¿Qué deseas tú, ser una persona respetable o alguien a quien todo el mundo ve como mentirosa?

Mayo 11

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