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Fuera el mal humor

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«Les he dicho esto para que sientan la misma alegría que yo siento, y para que sean completamente felices» (Juan 15:11, PDT).

Maritza vivía en una zona montañosa y alejada de Tegucigalpa, la capital de Honduras. La pobreza había sido la tónica de toda su vida, y siempre se quejaba de innumerables enfermedades y dolores. Vivía constantemente de mal humor, y yo no sabía por qué. Pero con el tiempo, ella misma me relató la dura historia de su vida, así que pude simpatizar un poco más con ella. Verás, cuando su hijo tenía dos años y tuvo que ser hospitalizado, una enfermera calculó mal la dosis del medicamento prescrito, y eso causó la muerte del pequeño. Cuando Maritza descubrió que lo que había acabado con la vida de su hijo había sido una negligencia hospitalaria, se sintió tremendamente hundida. Además, por alguna razón inexplicable, Maritza sentía rechazo hacia su hija mayor, por lo que terminó enviándola a vivir con los abuelos. Como si eso fuera poco, tampoco le había ido bien en el amor. Después de haber tenido varias parejas, lo único que le quedaba de ellas eran pésimos recuerdos. Yo le hablaba de Jesús y de su poder transformador, pero ella parecía ignorar mis palabras. Un día se marchó sin avisar y nunca más supe de ella. Me pregunto cómo habrá evolucionado su carácter y si habrá logrado dejar atrás su persistente mal humor.

Amiga, sé lo difícil que es desterrar para siempre el mal humor de tu carácter, cuando la vida te ha golpeado tan duro; pero difícil no quiere decir imposible. La existencia de Cristo y del Espíritu Santo, de quienes mana poder para vencer, nos da esperanza. Puedes identificarte con tu Maestro. ¿Sabes? Jesús fue el mismo Hijo de Dios, obediente al Padre en todo y, sin embargo, sufrió dolor, maltrato, acusaciones, no tenía dónde recostar la cabeza, y finalmente fue apresado injustamente, azotado y muerto en una cruz. Sin embargo, era una persona alegre. ¿Cómo lo sabemos? Lo dice la Biblia: «Les he dicho esto para que sientan la misma alegría que yo siento, y para que sean completamente felices» (Juan 15:11, PDT). La alegría de él derivaba de su relación con Dios y de la misión que había venido a cumplir.

Si te motiva en la vida seguir a Cristo, parecerte cada vez más a él y dar un buen testimonio de su persona, debes tener la mente abierta al hecho de que en él hay poder para superar el mal humor. Damos un pésimo testimonio del Salvador cuando nos acompaña persistentemente una sombría nube.

Mayo 18

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