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Los Diez Mandamientos

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«Si obedecen lo que hoy les ordeno, y aman al Señor su Dios, y siguen sus caminos, y cumplen sus mandamientos, leyes y decretos, vivirán». Deuteronomio 30:16

-Ayer comentamos -dijo el padre—, cómo mientras Moisés estaba con Dios recibiendo las tablas de los Diez Mandamientos, el pueblo había adorado a un becerro de oro que ellos mismos habían hecho. Prefirieron un objeto, que ni los escuchaba ni podía ayudarlos, en vez del Dios del cielo que les había dado evidencia de su amor cada día.

-¡Qué ingratos! -comentó Susana.

-Sí, muy ingratos -continuó el padre—. Habían visto milagro tras milagro, y sobre todo la manifestación poderosa que había demostrado Dios en el monte Sinaí. Dios le dijo a Moisés que la tienda que les había servido como lugar de culto fuera sacada del campamento para que ellos comprendieran la gravedad de su pecado. Moisés entró en la tienda y el pueblo, temiendo lo peor, esperó a ver si la presencia divina se posaba sobre ella. Cuando vieron que la nube se posó sobre la tienda del encuentro con Dios, el pueblo lloró y adoro. Dios, a pesar de todo, no los había abandonado. De nuevo, Dios le dijo a Moisés que tenía que subir al monte, pero ahora debía llevar dos tablas de piedra para escribir otra vez los Diez Mandamientos.

-¿Por qué no se los dictó Dios a Moisés? -preguntó Mateo.

-Eran tan importantes que Dios mismo los escribió-respondió el padre-. Dios deseaba que a su pueblo le fuera bien, y para que así fuera debían obedecer sus leyes y mandamientos, porque además de los Diez Mandamientos, les dio otras reglamentaciones para el bienestar de ellos.

--¡Qué bueno es Dios! Siempre quiere lo mejor para nosotros -comentó Susana.

-Así es. Y si lo amas, debes obedecerlo —concluyó el papá.

Tu oración:Querido Dios, ayúdame a obedecerte siempre con alegría.

¿Sabías qué?

Lo único que dice la Biblia que Dios mismo escribió con su dedo son los Diez Mandamientos.

17 de febrero

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