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Los pobres

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«Nunca dejará de haber necesitados en la tierra, y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país». Deuteronomio 15:11

-Como les habíamos mencionado antes -dijo la mamá-, las leyes que les dio Dios a los israelitas eran justas y buenas. En ellas incluyó instrucciones precisas en su trato con los pobres; no era que deseaba que hubiese pobres, pero muchas veces alguna circunstancia, enfermedad o muerte afectaba a la familia y esta quedaba desamparada para hacer frente al futuro. Por eso Dios les pidió un segundo diezmo, para que ayudara en los gastos del templo, pero también para ayudar a los pobres.

-¡Qué bueno que se ayudara a los pobres! -exclamó Mateo.

-Sí, nadie debía pasar hambre -continuó la mamá-. Si alguien tenía hambre y no había nada que comer en su casa, podía ir a un huerto, sembrado o viñedo y comer sin pedirle permiso al dueño. Además, se les dijo a los dueños que cuando cosecharan, no recogieran todo, sino que debían dejar algo para los pobres. Dios también dijo que en el séptimo año no debían cosechar sus tierras, pues el producto de ese año sería para los pobres, las viudas y los extranjeros. El Señor prometía bendecir el sexto año de modo que hubiera suficiente para que almacenaran hasta obtener la cosecha del octavo año.

-Me parece extraordinario el cuidado de Dios por los pobres y las viudas! -comentó Susana.

-Dios deseaba de esa manera que las personas no se enriquecieran y se olvidaran de los más necesitados. Él sufre si las personas no tienen cómo satisfacer sus necesidades, y por eso dio esas instrucciones a los israelitas. Nosotros debemos hacer lo mismo conforme sean nuestras bendiciones, también compartirlas con los pobres -concluyó la mamá.

Tu oración:Querido Dios, ayúdame a compartir con los que menos tienen.

¿Sabías qué?

El descanso sabático para la tierra ayudaba a que produjera más en los seis años siguientes.

31 de marzo

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