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George Müller

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«Confío en Dios y alabo su palabra; confío en Dios y no tengo miedo. ¿Qué me puede hacer el hombre?». Salmo 56:4

-Esta mañana quisiera contarles la historia de un hombre llamado George Müller -inició el papá-. Él nació en el año 1805. Como se pueden dar cuenta, de eso hace muchísimos años. Su padre deseaba que fuera cura y lo envió a una universidad para que se preparara para eso, pero en una ocasión fue invitado a una reunión en una casa.

Allí oraron y estudiaron la Biblia, y eso le impactó mucho. Decidió ser pastor de una iglesia en Inglaterra, y junto con otras personas fundó una institución para distribuir Biblias y para enviar misioneros a predicar.

-¿En esa época ya era fácil tener Biblias? —preguntó Mateo.

-Sí, aunque no tanto como ahora. Ya existía la imprenta y se imprimían bastantes Biblias -respondió el papá y continuó—. Con el tiempo, George Müller dejó de trabajar directamente como pastor para fundar un orfanato. Quería ayudar a los niños que no tenían hogar, darles una buena alimentación, educación y formación espiritual. Los que salían del orfanato llevaban consigo una Biblia.

-¡Qué bonito que les regalaba una Biblia! —comentó Susana.

-Se interesaba en su salvación, y qué mejor para los niños que aprender la importancia del estudio de la Palabra de Dios. El pastor Müller fue un hombre de fe, interesado en el bienestar de los demás.

En otras palabras, eso es lo que dice el Señor a través de su Palabra, que debemos interesarnos en los demás y ayudarlos siempre que podamos -concluyó el papá—. ¿Qué les parece si hacemos eso?

Tu oración:Querido Dios, ayúdame a interesarme por los demás y a compartirles tu Palabra.

¿Sabías qué?

La Biblia no fue escrita por capítulos como la conocemos ahora. Eso fue idea de Stephen Langton, arzobispo de Canterbury, en el año 1214.

1 de abril

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