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Crecer en agrado para Dios

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«Regresó Elcana a su casa, en Ramá, pero el niño se quedó sirviendo al Señor bajo las órdenes del sacerdote Elí». 1 Samuel 2:11

-Niños, hoy vamos a continuar el relato de Ana como si ella misma nos lo estuviera contando, ¿de acuerdo? -dijo la madre.

«Hola, soy Ana otra vez. Yo le había dicho a mi esposo que Samuel era la respuesta a mi oración, y que lo había dedicado a Dios.

Él me apoyó, y en los siguientes años no quise ir a Silo a adorar con la familia porque estaba esperando llevar a mi hijo. Cada día le enseñaba a Samuel que amara a Dios, que le pertenecía y que viviría en el templo para servirle. Yo trataba de infundirle amor y reverencia a Dios. Sabía que muy pronto me separaría de él, y aunque lo amaba mucho, sabía también que era de Dios.

»Por fin llegó el día de llevarlo al templo para que se quedara a vivir allí. Con toda la familia salimos hacia Silo, llegamos allá y fuimos a ver al sacerdote Elí. Le conté que yo era aquella mujer atribulada que con lágrimas había orado a Dios por un hijo. Él me lo había concedido, y ahora yo se lo devolvía. Elí era un buen hombre, se quedó impresionado y se inclinó y adoró a Dios.

»Al regresar a casa, parte de mi corazón se quedó en Silo con mi hijo Samuel, pero siempre fue el motivo constante de mis oraciones.

Conforme pasaban los días y se acercaba la fecha de ir de nuevo a Silo, yo le tejía un manto, y mientras lo hacía, oraba a Dios para que cuidara de mi hijo. No pedí riquezas ni honores, sino que fuera fiel a Dios.

Cuando iba a Silo me daba gusto verlo cada vez más grande, responsable, amoroso y servicial. Crecía agradando a Dios y a los hombres.

Ojalá tú también crezcas de tal manera que agrades a Dios».

Tu oración:_____________________________________________________________________________________________________________________________________

¿Sabías que?

Para Elí fue un reproche que Ana entregara a su hijo lo mismo con sus propios hijos.

18 de abril

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