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El gigante y el pastor

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«El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de las manos de este filisteo» 1 Samuel 17:37

-Niños, seguiremos hoy con el relato de David que comenzamos ayer -dijo el padre.

«Buenos días, como les contaba ayer, fui llamado al palacio del rey Saúl, pero solo me quedaba allí cuando él me necesitaba; después volvía a cuidar a mis ovejas. Había tenido la oportunidad de conocer la gran responsabilidad de ser rey de una manera más directa gracias a mis visitas al palacio, y deseaba que Dios me guiara para cuando llegara el momento de reinar. Pastoreando las ovejas, Dios me estaba preparando para guiar algún día a su pueblo. A veces tuve que hacerle frente a algún león o a un oso porque querían arrebatarme una oveja, pero yo los destruía; sentía que Dios estaba conmigo. Un día, llegaron las noticias de la guerra contra los filisteos y mis tres hermanos mayores se unieron al ejército de Saúl. Más tarde, mi padre quiso que fuera donde ellos se encontraban para llevarles algo, así que fui a donde estaba la batalla.

»Mientras estaba allí escuché insultos. ¡Un gigante estaba insultando a Dios! ¡No lo podía creer! ¡Cómo se atrevía! Sin embargo, nadie tenía el valor de hacerle frente. Así que me ofrecí yo a enfrentarlo, y aunque el rey quiso prestarme su armadura, tomé mi honda y cinco piedras del arroyo, y me enfrenté al gigante. Él se burló de mí porque yo era insignificante para él; ni siquiera llevaba armas, sino piedras. Yo sabía que Dios estaba conmigo. Un ángel me había dicho cuando cuidaba el rebaño que salvara a Israel de los filisteos. Dios me dio la victoria. La victoria también será tuya si Dios está contigo».

Tu oración:Querido Dios, ayúdame a prepararme para la misión que tienes para mí.

¿Sabías qué?

Goliat llevaba cuarenta días amenazando a Israel y no había nadie que lo afrontara.

23 de abril

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