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Salomón cumple su encomienda

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«Señor, Dios de Israel, ni en el cielo ni en la tierra hay un Dios como tú, que cumples tu alianza y muestras tu bondad para con los que te sirven de todo corazón». 1 Reyes 8:23

-El rey David dio muchos consejos a su hijo Salomón. Al verlo tan joven, sabía que gobernar al pueblo le sería difícil, y que debía buscar la ayuda constante de Dios -inició la mamá—. Además, le hizo varios encargos y uno de ellos fue que construyera el templo; le entregó los planos y parte del material que iba a necesitar. Salomón inició la obra de construcción del templo en su cuarto año de reinado, y le llevó siete años. No era fácil, debía quedar muy bien hecho, pues sería el lugar para adorar a Dios. Recibió ayuda del rey de Tiro, que le enviaba la madera que necesitaba, y de un buen artesano llamado Hiram que dirigía la obra.

-¿El templo se llamaba templo de Salomón porque él lo construyó? —preguntó Mateo.

-Así es —respondió la mamá-, pero la idea original había sido de David, su padre. Cuando el templo estuvo terminado tenía una belleza incomparable. Ninguno de los palacios antes construidos podía igualar su esplendor. Salomón reunió a los ancianos, sacerdotes y levitas en la fecha que se celebraba la fiesta de las cabañas, pues la gente iba a Jerusalén para celebrar. Todos los que viajaron estaban interesados en ver el templo terminado.

-¡Me imagino su hermosura! -comentó, entusiasmada, Susana.

-Yo también. Dios fue el autor de la idea, y todo lo que proviene de Dios es perfecto y hermoso -concluyó la mamá.

Tu oración:_____________________________________________________________________________________________________________________________________

¿Sabías qué?

Hiram, el artesano que ayudó a construir el templo, era descendiente de Aholiab, de la tribu de Dan.

10 de mayo

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