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“¿NO HAY MAS MUNDOS PARA CONQUISTAR?"

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"Ante mis propios ojos vi aparecer otra bestia, la cual se parecía a un leopardo, aunque en el lomo tenía cuatro alas, como las de un ave. Esta bestia tenía cuatro cabezas, y recibió autoridad para gobernar" (Daniel. 7:6).

El comerciante con un magnífico caballo negro se acercó al rey Felipe ll.

-Estoy seguro de que su Majestad entiende que un semental tan grande y fuerte no puede valer menos de trece talentos--dijo el comerciante.

-¿Por qué no está ensillado? -preguntó el rey.

-Bueno... ehh... todavía no está domado.

-Y dudo de que llegará a estarlo -respondió el rey-. Mira cómo tira del cabestro. Llévatelo.

-Espera, padre-se acercó diciendo el joven Alejandro-. Déjame domarlo. Si fallo, pagaré por él.

El muchacho se acercó al caballo. Había visto que el animal le temía a su propia sombra, de modo que giró el caballo hacia el sol, para que la sombra quedara detrás de él. Preocupado de que el caballo temiera su capa ondeante, Alejandro la dejó caer al suelo y comenzó a calmar a la poderosa bestia. Finalmente, domó a ese caballo, y lo llamó Bucéfalo.

Alejandro creció y llegó a ser uno de los comandantes militares más grandes de todos los tiempos. Montó a Bucéfalo en cada batalla mientras conquistaba tierras desde Grecia hasta la India. Cuando su amado corcel murió, el guerrero fundó una ciudad llamada Bucéfala, donde enterró a su caballo.

Como quizá ya sepas, Alejandro aparece en las profecías bíblicas de Daniel. Ciento cincuenta años antes del nacimiento de Alejandro, Daniel vio su imperio representado por el vientre y las piernas de bronce en la gran estatua de metal del sueño de Nabucodonosor. En visión, Daniel también vio a Alejandro como un leopardo que salía del gran mar. El leopardo tenía cuatro alas que simbolizaban la velocidad con la que Alejandro conquistaría Persia y otras naciones hacia el este.

Quizá parte de la velocidad fue posible por su tan querido caballo. Kim

 

Enero 10

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