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“CORDERITO, ¿QUIÉN TE HIZO? ¿SABES TÚ QUIÉN TE HIZO?”

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"El Señor es mi pastor, nada me falta" (Salmo 23:1).

¿Qué pasaría si pudieras ser algún animal por un día? ¿Qué animal elegirías?

Podrías ser un oso, y con eso definitivamente terminarían las posibilidades de que te acosen en el patio de juegos. O podrías ser una serpiente y aterrar a tu madre al arrastrarte sobre la mesa de la cocina. O podrías ser un camello, y sin duda tendrías una parte en la representación navideña. Podría resultar útil ser un halcón para recuperar el dron que está atascado en un árbol desde el verano.

Mientras imaginabas el tipo de animal en el que te gustaría convertirte, ¿pensaste por un momento en convertirte en una oveja? Probablemente no. Las ovejas no tienen poderes geniales. No pueden volar ni nadar ni tienen visión nocturna.

Pero esto es lo gracioso. Cuando Dios piensa en ti o en mí como un animal, piensa en nosotros como ovejas. Y en realidad, no es un cumplido. Las ovejas son tontas. Obtendrían calificaciones desastrosas en el colegio. Y no tienen absolutamente ninguna habilidad especial, a menos que ser comidas por lobos sea una cualidad excepcional.

Pero a las ovejas les ha ido bastante bien. Ahora hay más de mil millones de ovejas en el planeta. Prosperan porque están bajo el cuidado de la gente. Prosperan porque sirven a las necesidades de las personas. (Piensa en el hermoso abrigo de lana que usas en invierno.)

Dios te ve como un cordero que necesita de su protección y cuidado. Y no le molesta brindarte ese cuidado.

Por supuesto, en realidad no puedes elegir convertirte en un animal. Sin embargo, cada día tienes una decisión que tomar: vivir con humildad bajo el cuidado del Buen Pastor; o afilar tus dientes y garras, y salir al mundo solo. Kim

 

Enero 11

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