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“LAS COSAS QUE QUIERO SABER ESTÁN EN LOS LIBROS, MI MEJOR AMIGO ES EL HOMBRE QUE ME CONSIGA UN LIBRO QUE NO HAYA LEÍDO".

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"Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas, en casa de Carpo; trae también los libros, especialmente los pergaminos" (2 Timoteo. 4:13).

ABRAHAM LINCOLN

Imagina un mundo sin libros. Si volvieras en el tiempo unos seiscientos años, así era el mundo. Bueno... había unos pocos libros, pero eran tan raros como los osos bailarines. Tal vez se podían encontrar algunos libros en las casas de los más ricos o en monasterios; pero, la mayoría del pueblo nunca veía uno.

Cuando la Universidad de Oxford, en Inglaterra, abrió su primera biblioteca para los alumnos, todas las obras entraban en una habitación. A diferencia de las bibliotecas que conoces, esta no permitía que la gente se llevara los libros. Todos estaban encadenados a la pared.

Esa colección creció cuando un duque acaudalado donó su "invaluable" colección de 281 manuscritos. Probablemente has visto más libros en una venta de garaje.

Cualquiera que usara esta biblioteca tenía que hacer un juramento de que cumpliría las reglas: no dañar ningún tomo y "no traer a la biblioteca, o prender allí, ningún fuego o llama". Los bibliotecarios se tomaban tan en serio la consigna de no arriesgarse a perder los libros en un incendio que la biblioteca no se calefaccionaba en todo el año. Uno de los primeros bibliotecarios falleció por neumonía.

Por supuesto que no se podía llevar una vela para leer en la oscuridad. El bibliotecario decidía en qué momento la luz de la tarde ya era demasiado tenue y, simplemente, cerraba el recinto.

Ahora tenemos tantos libros que es fácil darlos por sentado. Como vivimos en un mundo lleno de libros, tenemos fácil acceso al conocimiento y las experiencias que pueden cambiar nuestra vida. Aunque ya no tenemos que encadenar los libros a la pared, aún pueden ser incalculablemente valiosos. Kim

 

Febrero 22

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