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“CUANDO MIS HIJOS SE VUELVEN LOCOS E INDISCIPLINADOS, USO UN CORRALITO INFANTIL BONITO Y SEGURO. UNA VEZ QUE ELLOS TERMINAN, YA PUEDO SALIR".

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"Ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien penosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella" (Hebreos. 12:11).

ERMA BOMBECK

Pobres padres. Pasan sus días tratando de que seamos buenos con nuestros hermanos, que nos levantemos a tiempo, y que no seamos sospechosos en una investigación policial. Pero, no es fácil. No es que los niños tratemos de ser malos. Simplemente, a veces, nos olvidamos de ser buenos.

Así que los padres siempre están buscando formas de ayudarnos a recordar cómo se supone que debemos actuar. Estos cuatro niños recuerdan las mejores ideas de castigos de sus padres.

"Cuando mi hermana tenía tres años, me mordía todo el tiempo, y eso hacía que yo, su hermanita menor, llorara. Mi mamá le dijo varias veces que no lo hiciera más; pero eso no surtió efecto. Finalmente, cansada de que mi hermana se portara mal, se inclinó, la levantó y le mordió una oreja. Mi hermana nunca más me mordió".

"Cuando era niño, solía jugar a que les arrojaba un palo o una pelota a mis perros, pero en realidad nunca lo soltaba. Hasta que un día, luego de ver por tanto tiempo la decepción de mis perros, mi mamá me preguntó si quería un pedazo grande de torta de chocolate. Yo, naturalmente, respondí que sí, y ella me dijo: 'Lo lamento; no tenemos'".

"Una vez mi padre nos ató a mi hermano ya mí de espaldas con cinta ancha, y nos sentó en un banquito hasta que nos lleváramos bien".

"Tenía dos oportunidades de levantarme de la cama para ir a la escuela antes de que mi mamá interviniera. La primera vez, ella decía: 'Es hora de levantarse', con mucha dulzura. Luego: 'Sal de la cama, con menos dulzura. Finalmente, me ponía canicas de vidrio congeladas debajo de las sábanas".

Los padres buscan, por todos los medios, enseñarnos qué es lo correcto. Se preocupan porque, si ellos no nos ayudan, nosotros no nos sentamos derechos en la mesa y nunca enviamos notas de agradecimiento después de la Navidad. Ese es su miedo. Pero la verdadera razón de sus castigos puede estar basada en la esperanza; la esperanza de que seamos tan buenos como ellos desearían haber sido. Kim

 

Marzo 08

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