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“LA SIMPATÍA SON DOS CORAZONES TIRANDO DE UNA CARGA".

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"Ciertamente el cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores" (Isaías. 53:4).

CHARLES HENRY PARKHURST

A nadie le gusta enfermarse. Sin embargo, tiene dos ventajas: no tienes a que ir al colegio y despiertas simpatía. Mamá puede tocarte la frente y decir: “Pobrecito”. Luego, te sienta frente al televisor con un montón de almohadones suavecitos y un vaso grandote de jugo de naranja. Las mamás son geniales. Los papás pueden ser un poco más escépticos. Quieren saber si realmente estás enfermo.

-Déjame ver el termómetro -dicen- ¿Podremos pedirle a un médico un conteo de glóbulos blancos?

O quizá te den una prueba:

A ver. Intenta llevar esta carretilla llena de ladrillos hasta el otro lado del patio. Si te desmayas, te creo que estás enfermo.

Yo soy padre, y he sacado a la rastra a mi hijo de casa cuando él estaba realmente enfermo. Una vez lo lleve a la Escuela Sabática, y la maestra me dijo: "¿Está loco? Su hijo tiene faringitis. ¡Llévelo de vuelta a casa ahora!"

Aunque los padres pueden llegar a ser malos, los hermanos pueden ser peores. No vas a obtener simpatía de ellos a menos que vean sangre. Y no alcanza con solo un par de gotitas. No mostrarán preocupación por ti hasta que la sangre corra lo suficiente como para manchar su ropa.

Me pregunto por qué la simpatía es tan importante para nosotros. No saca el dolor de cabeza como el ibuprofeno. Entonces, ¿de qué sirve? Supongo que la simpatía sirve como prueba de que alguien se preocupa.

Y cuando necesitamos pruebas de que Dios se preocupa, podemos recordar que se humilló a sí mismo para habitar en un cuerpo como el nuestro. Jesús sabe lo que es tener dolor de muela o el estómago revuelto. Y, cuando la simpatía no es suficiente, podemos recordar que él también es el médico. Kim

 

Marzo 15

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