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Obediencia y fidelidad

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«De este modo todos sabrán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros» (Juan 13:35, NVI).

El perro de José acostumbraba despedirse de él junto al portón de su casa y esperarlo cuando llegaba de la escuela.

Después de una alegre bienvenida, se sentaba pacientemente en su alfombra hasta que José tenía tiempo para jugar con él. Si el niño se sentía triste, el perro también; y si estaba alegre, su mascota ladraba para mostrar su alegría. El animalito era fiel y obediente pasara lo que pasara. Bastaba que José lo llamara para correr a su encuentro.

¿Y yo?

La obediencia y la fidelidad son características de las mascotas. ¿Pero qué sucede con los niños? ¿Cómo te parece que deben ser?

Mi oración para hoy

Muchas gracias por las personas que pones a mi alrededor. Ayúdanos a amarnos los unos a los otros.

Enero 26

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