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No te concentres en tus desventajas

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"Atiende al consejo, y acepta la corrección; así acabarás siendo sabio" [Proverbios 19:20).

Joás, el futuro rey de Judá, perdió a su padre (Ocozías) cuando apenas era un bebé. Al poco tiempo, una revuelta política organizada por su propia abuela, la malvada Atalía, acabó con la descendencia real; él salvó la vida gracias a la intervención de su nodriza, quien lo escondió durante seis años en el templo. Su infancia transcurrió entre las tragedias, las amenazas de muerte y la falta de sus padres. ¿Qué iba a ser de un niño en semejantes condiciones de vida? La Biblia dice que durante todo ese tiempo, Joás recibió el afecto y la instrucción del sacerdote Joiada. Años después, el régimen de Atalía fue derrocado y Joás, con apenas siete años de edad, ascendió al trono, donde permanecería cuarenta años. El chico no se concentró en sus problemas ni se abandonó a la autocom- pasión ni se llenó de odio contra los que habían enlutado su infancia. Más bien, logró vivir a la altura de los desafíos que la vida le presentó y sacó adelante a su pueblo en medio de condiciones muy complicadas. Al final de su vida, el registro bíblico dice que él "hizo lo recto a los ojos del Señor" [2 Crónicas 24:2).

Más de una vez he visto jóvenes de ambos sexos marcados por la desgracia. Ya sea por la muerte de sus padres, el lastre de alguna enfermedad que los acosa desde pequeños o la falta de recursos económicos, les toca vivir situaciones dramáticas que los obligan a madurar a muy temprana edad. ¿Qué hacer en estos casos? ¿Buscar explicaciones? ¿Reclamar al Padre celestial por haber permitido que vinieran a este mundo marcados por la tragedia? ¿Vivir para despertar la lástima de los demás contando nuestras desgracias una y otra vez? Ese es un camino, pero no es el único. También podemos asumir una actitud distinta, como hizo Joás, quien aceptó la orientación del sacerdote Joiada y se preparó para gobernar dignamente a su pueblo.

Todos tenemos condiciones adversas en este mundo. Solo Dios sabe por qué ha permitido que las padezcamos. Lo cierto es que, cualquiera que sea la dificultad que nos golpea, el Señor nos ha dado la facultad de superarla: "Pero Dios es fiel, y no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podáis aguantar" [1 Corintios 10:13, CST).

No te concentres en tus debilidades. Mejor acércate a Dios y pídele que te ayude a cumplir la misión para la que te ha traído a este mundo.

La actitud

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