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El síndrome del hermano mayor

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"El de labios mentirosos disimula su odio, y el que propaga calumnias es un necio" (Proverbios 10:18, CST).

En Lucas 15:11-32, Jesús narró la parábola del hijo pródigo para impartir grandes enseñanzas sobre la salvación de los seres humanos. En esta historia destaca la desafortunada actitud del hermano mayor cuando el hijo pródigo regresa a casa. En vez de mostrar gozo porque su hermano ha vuelto, se molesta y manifiesta una enorme amargura. Además, es insensible al sufrimiento de su padre por el hijo que estaba perdido y se resiste a participar de su alegría. Por si fuera poco, guarda un enorme resentimiento hacia su padre porque le parece que su vida ha sido una rutina de servicio no recompensado: "Tú nunca me has dado siquiera un cabrito para disfrutar con mis amigos" (vers. 29). Él se considera irreprochable y justo, aunque su corazón esté lleno de envidia, especialmente hacia su hermano, quien "sí ha gozado del mundo", mientras que él ha tenido que "reprimirse" todo el tiempo. Más bien, esperaba que, si su hermano aparecía de nuevo, su padre le diera un castigo ejemplar para que a nadie se le ocurriera seguir su ejemplo. Por lo tanto, se siente agraviado por causa de la misericordia mostrada con quien se había perdido. ¡Incluso le molesta la música y el festejo en honor de su hermano! ¿Por qué tiene que haber gente feliz?

El fantasma de la amargura, la insatisfacción y la infelicidad ronda a muchos creyentes que, a su juicio, "nunca se han portado mal". A veces suponen que su "conducta irreprochable" los hace merecedores de un bono extra en el reino de los cielos. Tristemente, a pesar de estar en la iglesia no son felices ni disfrutan de las bendiciones del evangelio. A personas así nada las tiene contentas: ni su trabajo, ni su familia, ni su iglesia. De manera preocupante, exhiben cierta indignación cuando alguien muestra misericordia hacia los pecadores. "La justificación propia no solamente induce a los hombres a tener un falso concepto de Dios, sino que también los hace fríos de corazón y criticones para con sus hermanos" (Palabras de vida del gran Maestro, p. 165).

Es muy importante estar en la iglesia, pero no es menos importante el cómo estamos en ella. Una mala actitud puede neutralizar el poder del evangelio de modo que, aun teniendo la posibilidad de vivir en la presencia del Padre celestial, seamos presas de la amargura.

Pide hoy al Señor que te ayude a mejorar tus actitudes y aprender a disfrutar los espacios de felicidad que Dios te da.

La actitud

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