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Enamorado de la persona equivocada

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"Los labios de la mujer ajena destilan miel; su paladar es más suave que el aceite, pero termina siendo amargo como el ajenjo, y tajante como una espada de dos filos" (Proverbios 5:3, 4).

Sansón. El joven testarudo, arrogante y burlón. El enamorado, el fornicario, el imprudente y bebedor. El muchacho más popular del barrio y el más atrevido con sus enemigos. El chico de las fiestas y parrandas, el que desafía al pecado y pisotea las leyes de Israel. Podríamos seguir añadiendo más rasgos desafortunados del carácter de este joven a quien Dios eligió para ser el libertador de los hebreos. Pocos jóvenes han recibido tantas oportunidades como Sansón y, sin embargo, desaprovechó sus mejores años, su fuerza, sus dones espirituales y su relación con Dios por complacer sus apetitos carnales.

La joven promesa hebrea se equivocó en los asuntos del amor y pagó muy caro el error. De pronto, Sansón se dio cuenta de que estaba en el fondo de un calabozo, con el rostro desfigurado y a merced de sus enemigos, quienes se burlaban de él todos los días usándolo como un juguete y alabando a sus dioses por haberles entregado a su gran rival.

El registro bíblico narra sus aventuras, sus locuras y sus amoríos. Pero al final de su vida llega el clímax de su historia: una oración de arrepentimiento: "Acuérdate de mí" (Jueces 16:28]. Eso es todo. Dios no necesita grandes detalles. Él conoce lo que hay en el corazón de cada ser humano. Pero, un momento, ¿acaso fue Dios quien se olvidó de Sansón en alguna situación? De ninguna manera. Más bien fue el muchacho testarudo quien se apartó de Dios. Sansón le pide al Señor que lo fortalezca solo una vez más. ¿Para qué? Para cumplir la misión que el cielo le había encomendado: destruir a los filisteos. Ahora su prioridad ya no es divertirse ni satisfacer sus apetitos. Únicamente quiere cumplir la voluntad divina, aun a costa de su propia vida. Dios le concede su petición. Sansón cumple la misión y muere.

Hebreos 11:32 menciona a Sansón entre los grandes héroes de la fe. ¿Cuál fue su mérito? Su oración de arrepentimiento. Eso le permitió recuperar su relación con Dios y su fuerza; además, le recordó su razón de existir en este mundo: cumplir la misión que el cielo le había encomendado.

¿Te has enamorado de la persona equivocada? ¿Has echado a perder los planes divinos? ¿Has decepcionado a tus seres queridos? Es tiempo de orar. No todo está perdido. Todavía tienes un lugar entre los grandes hombres y mujeres de la fe. No dejes pasar más tiempo.

El amor

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