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Bebe de tu propia cisterna

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"Bebe el agua de tu propio pozo, el raudal que mana de tu propia cisterna"(Proverbios 5:15].

Gedeón pertenecía a la tribu de Manasés, una de las menos relevantes del pueblo de Israel. Su nombre significa 'artesano'. Dios lo llamó para encabezar la lucha contra sus enemigos. "El jefe a quien Dios había escogido para derrotar a los madianitas no ocupaba un puesto eminente en Israel. No era príncipe, ni sacerdote, ni levita. Se consideraba como el menor en la casa de su padre, pero Dios vio en él a un hombre valiente y sincero. No confiaba en sí mismo, y estaba dispuesto a seguir la dirección del Señor" (Patriarcasy profetas, p. 595). Después de mostrar cierta desconfianza respecto a los planes de liberación del pueblo de Israel, Gedeón aceptó el llamamiento divino. Pero la estrategia divina desconcertó al incipiente líder: en vez de dotarlo de soldados y armamento, Dios lo mandó a luchar con tan solo trescientos guerreros con un extraño equipamiento militar. Contra todo pronóstico, Gedeón y sus trescientos soldados lograron una aplastante victoria sobre los batallones madianitas que sumaban ciento cuarenta mil efectivos. ¡El pueblo de Dios había sido liberado de sus opresores!

El nuevo liderazgo de Gedeón atrajo los focos sobre su persona. Sus conciudadanos quisieron hacerlo rey de Israel, pero él se negó. No obstante, al final de su vida salió a relucir una de sus desafortunadas prácticas: la poligamia. Gedeón tuvo setenta hijos con muchas mujeres. Eso le creó circunstancias de vida muy complejas. Pero lo peor vino a su muerte. ¿Ahora quién gobernaría Israel? Los ojos se volvieron a los hijos de Gedeón. No obstante, Abimelec, uno de sus hijos, mandó matar a sus setenta hermanos para asumir el liderazgo de Israel supuestamente heredado por su padre. El gran líder hebreo no tuvo fuerzas para contemplar las trágicas consecuencias de sus malas decisiones.

"La poligamia se practicó desde tiempos muy antiguos. Fue uno de los pecados que trajo la ira de Dios sobre el mundo antediluviano y sin embargo, después del diluvio esa práctica volvió a extenderse. Satanás hizo un premeditado esfuerzo para corromper la institución del matrimonio, debilitar sus obligaciones, y disminuir su santidad; pues no hay forma más segura de borrar la imagen de Dios en el hombre, y abrir la puerta a la desgracia y al vicio" (Patriarcas y profetas, p. 308).

Las dobles vidas amorosas y las infidelidades tienen un elevado precio que tarde o temprano se paga. Es mejor alejarse de tales prácticas.

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