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Amistades infructuosas

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"No te juntes con gente necia, porque nada aprenderás de lo que te digan"(Proverbios 14:7).

Amnón había crecido en medio de las atenciones y privilegios del palacio real. Su padre, el rey David, era soberano absoluto de Israel. Joven, atractivo e influyente, el joven tenía un futuro prometedor. Cualquier muchacha israelita habría aceptado el afecto de un hombre como él. "Como a otros de los hijos de David, a Amnón se le había permitido acostumbrarse a satisfacer sus gustos y apetitos egoístas. Había procurado conseguir todo lo que pensaba en su corazón, haciendo caso omiso de los mandamientos de Dios" [Profetas y reyes, p. 720). Pero como sucede a veces con los poderosos, padecía el mal de la insatisfacción, así que se fijó nada más y nada menos que en su medio hermana, Tamar. Su belleza lo impresionaba y su imaginación volaba cada vez que la veía. Estaba encaprichado con ella al punto de la obsesión; incluso la Biblia menciona: "Era tal su pasión por Tamar que se enfermó de angustia" (2 Samuel 13:2).

¿Enfermo a causa de un amor imposible? ¿Te suena familiar esa historia? ¡De ninguna manera! Más bien, se parece al berrinche de un niño cuando no le compran el juguete que está exigiendo y, ante tal situación, monta un espectáculo en la juguetería. Y ahí tienes al príncipe "enamorado", con el rostro cabizbajo, los ojos húmedos y falta de apetito, pasando las tardes de soledad escribiendo el nombre de su "amor imposible".

Amnón tenía un astuto amigo, de esos que no tienen escrúpulos y suelen rondar la vida de los incautos para aprovecharse de ellos. Se trataba de su primo Jonadab. Este anhelaba la vida y los lujos del príncipe, así que le parecía imposible que Amnón no cumpliera cualquier deseo personal, por repugnante que pareciera, aunque se tratara de su propia hermana. Así que le propuso al hijo del rey una trampa para forzar a Tamar. A los pocos días, el par de canallas lograron su objetivo y la doncella hebrea fue ultrajada por su propio hermano. La vida de Tamar cambió para siempre. El rey no castigó al infractor, como era de esperar, y Absalón, hermano de la víctima, juró venganza.

Pronto Jonadab se convirtió en el hombre de confianza de Amnón y recibió un trato preferente del príncipe. La vida parecía sonreírle a ambos jóvenes con el mundo a sus pies. Hasta que un día, Absalón cumplió su promesa y mató a Amnón, su medio hermano. La influencia de una mala amistad le había costado la vida a un joven que tenía un futuro prometedor por delante.

Elige bien tus amistades. Influyen más de lo que te imaginas.

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